LO QUE SE PROFETIZÓ ACERCA DE

LA PRIMERA VENIDA DEL MESÍAS

Is 2, 1

Los ojos orgullosos serán humillados, será doblegada la arrogancia humana; sólo el Señor será ensalzado aquel día.

 Is 2, 3

Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: Él nos instruirá en sus caminos, y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor.

 Is 2, 3-4

De Sión saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor,  “El será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos.  De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas.  No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra.

 Is 4, 2

Aquel día, el vástago del Señor será joya y gloria, fruto del país, honor y ornamento para los supervivientes de Israel.

 Is 4, 3

A los que queden en Sión, a los restantes en Jerusalén, los llamarán santos: serán inscritos para vivir en Jerusalén.

 Is 7, 14b-15

Mirad: la Virgen ha concebido y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel: “Dios-con-nosotros”.  Este comerá requesón y miel, hasta que aprenda a rechazar el mal y a escoger el bien.

 Is 9, 2

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una grande luz; sobre los que habitaban en la tierra de sombras brilló un intenso resplandor.

Is 9, 6

Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; lleva sobre sus hombros el señorío y será llamado: “Consejero admirable”, “Dios poderoso”, Padre sempiterno” y “Príncipe de la paz”.

Is 11, 1-3a

Saldrá un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz brotará un vástago.  Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor del Señor.

Is 42, 1

Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien tengo mis complacencias.  En él he puesto mi espíritu, para que haga brillar la justicia en las naciones.

Is 45, 13

Yo lo he suscitado para la victoria y allanaré todos los caminos: él reconstruirá mi ciudad, libertará a mis deportados sin precio ni rescate – dice el Señor de los ejércitos --.

Is 45, 22-24

Volveos hacia mí para salvaros, confines de la tierra, pues yo soy Dios y no hay otro.  Yo juro por mi nombre, de mi boca sale una sentencia, una palabra irrevocable: “Ante mí se doblará toda rodilla, por mí jurará toda lengua.”

Is 48, 20

Anunciad con voz de júbilo, anunciadlo y proclamadlo: publicadlo hasta el confín de la tierra.  Decid: “El Señor ha rescatado a su siervo Jacob.”

Is 49, 6

El Señor me dijo: “Es poco que seas mi siervo para restablecer a las tribus de Jacob y hacer volver a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.”

Is 49, 8-9a

Te ha constituido como alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir las heredades desoladas, para decir a los cautivos: “Salid”, y a los que están en tinieblas: “Venid a la luz.”

Is 52, 7-10

¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la dicha, que anuncia la salvación, que dice a Sión: “Ya reina tu Dios”!  Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión.  Prorrumpid a una en gritos de júbilo, soledades de Jerusalén, porque el Señor consuela a su pueblo y ha rescatado a Jerusalén: El Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.

Is 60, 4-5

Tus hijos, Jerusalén, llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos.  Cuando esto veas, te pondrás radiante de alegría; se estremecerá y se ensanchará tu corazón, pues se volcarán sobre ti los tesoros del mar, vendrán a ti las riquezas de las naciones.

Is 61. 1-2a

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido.  Me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos, la libertad a los prisioneros, para proclamar el año de gracia del Señor.

Is 62, 11-12

Decid a la ciudad de Sión: “Mira a tu Salvador que llega, el premio de su victoria lo acompaña, su recompensa lo precede.  Los llamarán “Pueblo santo”, “Redimidos del Señor”.

Is 65, 1

Ofrecí una respuesta a los que no me preguntaban, me dejé encontrar de quienes no me buscaban; y dije: “Aquí estoy, aquí estoy”, a un pueblo que no invocaba mi nombre.

Cf. Is 10, 20-21

Aquel día, el resto de Israel, los supervivientes de Jacob, se apoyarán sinceramente en el Señor, el Santo de Israel.  Un resto volverá, un resto de Jacob, al Dios poderoso.

Cf. Is 10, 24. 27

Esto dice el Señor de los ejércitos:  “Pueblo mío, que habitas en Sión, no temas.”  Aquel día, la carga resbalará de tu hombro. Arrancarán el yugo de tu cuello.

Cf Is 13, 22.; cf. 14, 1

Ya está a punto de llegar su hora, sus días no tardarán. El Señor se apiadará de Jacob y volverá a escoger a Israel.

Jr 23, 5

Mira que llegan días – oráculo del Señor – en que suscitaré a David un vástago legítimo: reinará como rey prudente, hará justicia y ejercerá el derecho en la tierra.

Jr 23, 6

En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro.  Y lo llamarán con este nombre: “El Señor-nuestra-justicia”.

Jr 30, 21. 22

Esto dice el Señor: “Saldrá de Jacob un príncipe, su señor saldrá de en medio de él; me lo acercaré y se llegará a mí.  Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios.”

Jr. 31, 7-8

Gritad de alegría por Jacob, alabad y decid: “El Señor ha salvado a su pueblo, el resto de Israel.”  Mirad que yo os traeré del país del norte, os congregaré de los confines de la tierra.

Jr 31, 15

Una voz se escucha en Raná, gemidos y llanto amargo: Raquel está llorando a sus hijos, y no se consuela, porque ya no existen.

Jr 31, 16, 17a

Aparta tu voz del llanto, tus ojos de las lágrimas, porque habrá compen-sación para tu pena y esperanza para el porvenir – oráculo del Señor –.

Ba 5, 3-4

Dios mostrará tu esplendor, Jerusalén, a todo lo que hay bajo el cielo.  Dios te dará para siempre este nombre: “Paz de la justicia” y “Gloria de la piedad”.

Ez 20, 41-42a

Como aroma que calma os aceptaré, cuando os saque de los países y os reúna de entre las naciones en las que estáis dispersos, y muestre en vosotros mi santidad a la vista de los gentiles.  Y sabréis que yo soy el Señor.

Ez 34, 1-12

Yo mismo en persona buscaré mis ovejas, siguiendo su rastro.  Como sigue el pastor el rastro de su rebaño cuando  las ovejas se le dispersan, así seguiré yo el rastro de mis ovejas y las libraré, sacándolas de todos los lugares por donde se dispersaron.

Ez 34, 15-16

Yo mismo apacentaré a mis ovejas y las llevará a reposar – oráculo del Señor –.  Buscaré las ovejas perdidas, recogeré las descarriadas; vendaré a las heridas, curaré a las enfermas; cuidaré de las fuertes y robustas, y las apacentaré como es debido.

Gn 49, 10

No se apartará de Judá el cetro, ni el bastón de mando de entre sus rodillas, hasta que venga el que ha de venir, aquel a quien le está reservado, a quien rendirán homenaje las naciones.

Cf. Tb 14, 6-7

Todas las naciones de la tierra se convertirán y temerán a Dios sinceramente; arrojarán los ídolos y bendecirán como es justo al Dios de los siglos.  Todos los israelitas que se salven aquellos días, acordándose sinceramente de Dios, se reunirán e irán a Jerusalén.  Los que aman sinceramente al Señor se alegrarán.

Lm 2, 11

Mis ojos están anegados en llanto, se estremecen mis entrañas, mientras desfallecen los niños y la cante en las plazas de la ciudad.

Dn 9, 19

¡Señor, escucha!  ¡Señor, perdona!  ¡Señor, atiende y obra!  ¡No tardes más, por ti mismo, oh Dios mío, pues tu nombre se invoca sobre tu pueblo!

Mi 2, 12

Yo te he de reunir, Jacob; congregaré tus supervivientes, Israel.  Los juntaré como ovejas en un redil, como un rebaño en al aprisco.

Mi 5, 3. 4. 5a

El jefe de Israel los abandonará hasta el tiempo en que dé a luz la que ha de dar a luz.  Entonces el resto de sus hermanos volverá a los hijos de Israel.   Él se alzará y pastoreará el rebaño con el poder del Señor, con la majestad del nombre del Señor su Dios; y él será nuestra paz.

Mi 5, 4-5a

El jefe de Israel se alzará y pastoreará el rebaño con el poder del Señor, con la majestad del nombre del Señor su Dios.  Habitarán tranquilos, porque se mostrará él grande hasta los confines de la tierra, y él será nuestra paz.

Ag 2, 7. 10

Todavía un poco más, y agitaré cielo y tierra, mar y continentes.  La gloria de este segundo templo será mayor que la del primero y en este sitio daré la paz – oráculo del Señor de los ejércitos –.

Za 2m 1

Aquel día, se unirán al Señor muchos pueblos, y serán pueblo mío.  Habitaré en medio de ti, y comprenderás que el Señor de los ejércitos me ha enviado a ti.

Za 8, 7-8

Yo liberaré a mi pueblo del país de oriente y del país de occidente, y los traeré para que habiten en medio de Jerusalén.  Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios con verdad y con justicia.

Za 9, 9a

Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén.  Mira a tu Rey que viene a ti, justo y victorioso.

 
 
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