Nace para mí

Guillermo Arias, S. J.

Si en alguna época del año podemos caer en la cuenta de que a todos nos ha nacido un bebé y para todos un Salvador es la santa Navidad. Por eso es que me animo a comenzar tomándole prestado a mi hermano bautismal Martín Lutero dos preciosos párrafos de su sermón de Navidad de 1530:

"Esto es lo que nos separa de los descreídos: no sólo el saber que Cristo, nacido de una virgen, es Señor y Salvador, sino entender que Cristo, nacido de una virgen es tu Señor y Salvador. Cuando esta es tu convicción personal, es que escuchas en tu corazón la Palabra que te alienta a declarar: Este niño que ha nacido de la Virgen no sólo le pertenece a ella. Yo hasta tengo más que ella. El para mí es más mío que de María dado que nació para mí. Eso es lo que el ángel proclamó: Para ustedes ha nacido un Salvador. A lo que respondes: ¡Amén y gracias, amado Salvador!''

"Es mucho más fácil creer que Jesús, nacido de la Virgen, es el Señor y Salvador de los grandes apóstoles Pedro y Pablo, que entender que haya nacido por y para mí. Pero date cuenta de que no te sirve de nada que El haya nacido, si no aceptas que nació para ti. Al afirmar que el regalo que nos han anunciado los ángeles nos pertenece personal e intencionalmente es que nos reconocemos en paz con Dios y afloran necesariamente nuestros corazones sonrisas y alegrías''.

''Al meditar las escenas del nacimiento del Señor es muy importante que roguemos y deseemos alcanzar un conocimiento espiritual profundo e íntimo de Aquel que siendo Dios se ha hecho hombre por mí. Entonces, se me hará poco menos que imposible no amarle y servirle mejor''. Aquí cito a san Ignacio de Loyola, tantas veces mencionado como el gran adversario de Lutero. Pero, como ven, al menos en esto, coincidimos de lleno los buenos evangélicos y católicos. (Acompaña la columna una tierna gráfica de los primeros catecismos luteranos para quienes no sabían apenas leer.)

Este ''por mí'' al que nos apuntan Martín e Ignacio no tiene nada que ver, por cierto, con el antipático y canteletero ''por mí'' de quien nos reclama --pasándonos descaradamente la cuenta-- todo lo que ha hecho por nosotros y lo mal que le correspondemos. Se trata más bien del por ''por mí'' de quien descubre muy tarde que le debe la vida misma a quien pagó con su vida la tuya, arruinando por ti su salud o fortuna sin chistar, enterarte ni reclamarte jamás nada.

Algo me dice que en términos generales las celebraciones navideñas van más bien en caída. Y es natural, dado que para demasiados se trata de mera compradera y gastadera sin alma, ya que han perdido la noción de que por ti y para ti es que nace Jesús, el Redentor.

En otra tesitura espiritual de amor y de fe andaba Amaury Veray allá cuando compuso emocionado para Puerto Rico y nosotros su inmortal Villancico Yaucano:

Quisiera, niño, besarte/ y San José no me deja,/ dice que te haré llorar,/ ¿verdad que aun así me dejas?
Ha nacido en un portal,/ llenito de telarañas,/ entre la mula y el buey,/ el Redentor de las almas.
En Belén tocan a fuego,/ del portal sale una llama,/ es una estrella en el cielo/ que ha caído entre las pajas.
Al niño recién nacido/ todos le ofrecen un don;/ yo, como no tengo nada,/ ¡le ofrezco mi corazón!

Sacerdote de Saint Vincent de Paul
Seminary en Boynton Beach.

 
 
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