Propósitos para la Navidad

Ante la secularización que priva en nuestro mundo y el rechazo cada vez más evidente de Dios en la sociedad, nuestras familias y comunidades cristianas deben aprender nuevamente a recibir a Jesús en Navidad.

¿Cómo hacerlo? Una forma sencilla y que está al alcance de todos es retomar diversas prácticas y devociones nacidas de la piedad popular. Son una invitación para hacer vida aquello que la Iglesia nos propone durante las cuatro semanas de Adviento:

  1. Esperar vigilantes la venida del Niño Dios; verdadera razón de esa celebración.
  2. Trabajar en nuestra conversión interior para unirnos a Jesús, el Emmanuel, el Dios que no está ausente sino presente, que nos espera y nos llama a acogerlo con una nueva intimidad y familiaridad;
  3. Revestirnos de los mismos sentimientos del Corazón salvífico de Dios, que son sentimientos de universalidad porque esta salvación es para toda la humanidad;
  4. Reconocer los signos de la presencia de Jesús entre nosotros, particularmente en los más pobres y necesitados, a quienes el Señor nos llama a prestarles nuestro auxilio y ayuda.
  5. Tener la vivencia de la Navidad en dos vertientes.
    1. La primera, centrada en el Niño Dios del pesebre de Belén, entrañable y dulce a quien se entonan villancicos.
    2. La segunda, representada por los evangelios y la liturgia que pone el acento en la justicia, la fraternidad, la libertad y la paz que Jesús vino a traer nos y cuya realización demanda nuestra colaboración para que el Reino de Dios –que ya está entre nosotros se extienda hacia todos los hombres.
 
 
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