El sueño de María
Las personas habían estado preparándose para la fiesta por varias semanas.
Habían decorado las casas y lucían ropa nueva.
Salieron de compras muchas veces y todos adquirieron lindos regalos.
Pero sabes algo José; ninguno de esos regalos era para nuestro Hijo.
Los regalos estaban envueltos en papeles de diferentes colores, adornados con cintas y todos fueron puestos debajo de un árbol …si José,
un árbol…., un árbol dentro de la casa.
Ellos habían decorado el árbol y las ramas lucían relucientes bolas de colores y brillantes ornamentos. En lo más alto del árbol, había una figura que lucia como un ángel.
¡Todo estaba precioso! Todos sonreían y lucían muy felices.
Estaban ansiosos de los regalos.
Sabes algo José, se daban los regalos los unos a los otros.
No hubo regalos para nuestro Hijo.
No creo que ellos supieron quien era EL, pues ni siquiera mencionaron su nombre.
¿No te luce extraño, que todas esas personas pusieran tanto esfuerzo para celebrar el cumpleaños de alguien que ni siquiera conocen?
Y tuve el extraño presentimiento de que si nuestro Hijo hubiera llegado a esta celebración, lo hubieran considerado un intruso.
Y es por eso que a pesar de lo lindo que lucia todo, y la alegría que todos mostraban,
yo me sentí con ganas de llorar.
Que triste hubiera sido para Jesús no haber sido acogido en su propia fiesta de cumpleaños.
Que alegría José que sólo fue un sueño, un mal sueño.
Que terrible José si este sueño hubiera sido realidad.