Un profundo mensaje de paz
Emilio José Siman
Con el maravilloso lenguaje de la música, con los grandes recursos de su arte consagrado, con su alma torturada por la angustia de este mundo desgarrado por el odio y la miseria, Pablo Casals, en su oratorio "El Pesebre", nos trajo un profundo mensaje de paz y amor.
La paz que los hombres buscan con afán, en su largo y penoso peregrinaje por los tortuosos senderos de la vida, sólo se encuentra en el pesebre de Belén, donde se realizó el milagro nunca visto del nacimiento de un niño que es "Dios de paz y de amor".
"La estrella brilla con luz de plata" y todo el universo duerme, en dulce sueño, como extasiado de la inmensidad ante el acontecimiento más grande de la historia.
Junto al pozo de la vida hay un hombre sacando el agua con el Niño lavará los pecados del mundo. En la húmeda orilla del río está el Pescador de Almas, sacando los peces que dará a las multitudes que escucharán sus santas palabras.
En el campo gris está el labrador, sembrando el grano, para amasar el pan con su corteza dorada, pan eucarístico que el Divino Sembrador partirá, "como una señal de bondad", la última noche.
En la vendimia están sacando e vino que los ángeles pondrán en ánforas, vino que "mis amigos beberán en comunión con mi sangre por los hombres derramada."
Y camina la caravana de los hombres, siguiendo la estrella, hasta que encontraron "en un portal, un pobre establo; y en el establo, un Dios."
La Virgen humilde, Madre de Dios, Corredentora de los hombres, con su rezo callado que perdurará hasta la Eternidad, lavando el mal con sus lágrimas y con la sangre de su Hijo. Y José, dignificando al obrero, "un pobre carpintero con tal gloria", ganando el pan para el Hijo de Dios, para que el mundo adore su memoria.
El resplandor todo lo ilumina. Hasta el reino animal participa en el misterio. La mula deslumbrada y el buey encantado, "alzan la oreja y espían".
Melchor le ofrece oro, para instaurar Su reino. Pero Jesús es Rey de amor. "Sangrará su corazón y su cetro será una palma."
Gaspar le adora, ofreciéndole incienso. Pero "lo que Jesús le pide al alma", "no es el humo de ese incienso, sino el espíritu intenso de verdad".
Baltasar le trae mirra, "que anuncia muerte segura". Pero como Dios "no puede morir, "hasta el cielo ascenderá, dejando la sepultura."
Acuden los pastores a presentar sus ofrendas. Este niño, "lleno de luz", "tiene los brazos en Cruz". La paja de su pesebre se convertirá en espinas. Un "manojo de grosellas encendidas" simboliza la sangre que, "como un hilo rojo, le brota de las heridas."
"Todo se transfigurará en un instante. Es una estampa del cielo. Un coro angélico invita al amor, que sobrecoge el alma y todos los hombres caen de hinojos ante el "milagro iluminado". Y se juntan las manos de todos, porque en esa paz, todos pueden llamarse hermanos.
Gloria a Dios y a toda criatura. No más pecar. No más llorar. Que nunca más haya guerra. Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.