Cuarto día
Dedicado a los ancianos y enfermos

posadas

1. Saludo de bienvenida.

2. Lectura bíblica (Lucas 1, 5-15)
“Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con una mujer descendiente de Aarón, que se llamaba Isabel; los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin tacha en todos los mandamientos y preceptos del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos de avanzada edad. Sucedió que, mientras oficiaba delante de Dios, en el turno de su grupo, le tocó en suerte, según el uso del servicio sacerdotal, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso. Toda la multitud del pueblo estaba fuera en oración, a la hora del incienso. Se le apareció el Angel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verle Zacarías, se turbó, y el temor se apoderó de él. El ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Juan; será para ti gozo y alegría, y muchos se gozarán en su nacimiento, porque será grande ante el Señor...»”

anciano

3. Reflexión
Zacarías e Isabel eran ya ancianos cuando Dios se fijó en ellos para que concibieran a Juan el Bautista, el precursor de Jesús. Quizá nunca antes habíamos reflexionado en esta elección tan particular — un par de ancianos que juegan un papel muy especial en la historia de la salvación. En nuestros días, los ancianos ya no ocupan un lugar importante en la sociedad y a veces ni siquiera en sus propias familias. Cuántos de ellos viven solos o recluidos en un asilo. ¿Y nosotros, cómo tratamos a los ancianos de nuestra familia? ¿Qué respeto nos merecen los ancianos en general?
¿Y los enfermos y discapacitados? En nuestros días, muchas personas en el mundo piensa que habría que eliminarlos porque los consideran una carga para la sociedad.

4. Oración
Hermanos, en este día queremos orar de manera especial por los ancianos, los enfermos y los discapacitados. Que Dios nos conceda tener un corazón compasivo con todos ellos. Que nunca los abandonemos a su suerte y reconozcamos en nuestros ancianos la sabiduría y la experiencia que han adquirido a lo largo de su vida. Que el Señor nos perdone por haberlos relegado y también a los enfermos y discapacitados, todos ellos hijos predilectos de Dios. Que todos los que se sienten solos y abandonados encuentren un corazón cristiano, una familia cristiana que los acoja para que crean que todos sus esfuerzos, trabajos y sufrimientos han valido la pena, porque Dios los ama a través de nosotros. Que nunca más un anciano, un enfermo o un discapacitado piensen en quitarse la vida porque no encuentran quien los ame y se haga cargo de ellos. Que así sea.

5. Rezo del Santo Rosario

6. Procesión y canto de las letanías

7. Petición de posada

8. Piñata y convivio

 
 
Imprimir esta pagina