Debe nacer de Nuestro Corazón

Había un cirujano famoso que estaba muy absorto en su trabajo y un día envió a su esposa a un psiquiatra para que la examinara, ya que ella se estaba volviendo hipertensa y nerviosa. Después de examinarla, el psiquiatra llamó al cirujano y le explicó lo que estaba sucediendo a su esposa.

Era muy simple; le dijo al cirujano “Usted no tiene tiempo para dedicarle a ella. Ella se siente rechazada, indeseada y frustrada. Así que quiero que usted le reserve un tiempito para ella cada semana, para que realmente este con ella. Sáquela a cenar y llévela a algún teatro o algo por el estilo, pero, esté con ella!”

Bueno, el cirujano hizo exactamente eso. Le dedicó más tiempo a su esposa, fueron a cenar y después fueron a un cine; pero aún no se notaba ningún cambio en ella. No mejoró.

El psiquiatra llamó al cirujano otra vez. “Usted no me comprendió,” le dijo al cirujano, “yo no le dije que llevara a su esposa a cenar y a un teatro cada semana. A ella no le interesa ni la cena, ni el teatro, a ella le interesa usted. Lo que quise decirle es que usted le manifieste el amor que siente por ella, dedicándole el tiempo que haga falta, lo quiero decirle es que esté realmente con ella. Debe usted entrar en su vida y que ella entre en la suya. Demuéstrele que realmente usted cuida de ella. Solamente así ella podrá ponerse bien.”

Esta vez, el cirujano entendió el mensaje. Empezó a ser amante de su esposa, trayéndola hacia su corazón. Y cuando así fue, ya no hubo necesidad de recurrir nuevamente al psiquiatra.

Igualmente ocurre con la oración. En usted tiene que haber algo más que una obligación o una costumbre. Tiene que ser un encuentro de amor. Tiene que venir de su corazón, tiene que nacer en su corazón – solamente así podrá entablarse un diálogo entre dos que se aman.

 
 
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