Los fundamentos de una “moral común” con los no creyentes

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Autor: Joseph Card. Ratzinger

Capítulo 23: El cardenal Ratzinger busca los fundamentos de una «moral común» con los no creyentes
En un debate público con el presidente del Senado italiano

El cardenal Joseph Ratzinger y el presidente del Senado italiano, Marcello Pera, están convencidos de se necesita la colaboración entre católicos y creyentes en otras religiones o no creyentes «para volver a encontrar una moral común».

El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe lanzó este lunes, en el Aula Magna de la Universidad Pontificia de Letrán), un llamamiento a redescubrir «el concepto común de una razón que nos acomune» durante un debate público centrado en las raíces cristianas de Europa.

El teólogo y el político-filósofo debatieron abiertamente estas cuestiones que afrontan en su libro conjunto «Sin raíces. Europa, relativismo, cristianismo, islam» («Senza radici. Europa, relativismo, cristianesimo, islam» Mondadori).

El purpurado propuso el redescubrimiento de la ley natural como base para una ética común: «Tenemos que volver a estudiar la ley natural --quizá hace falta otro nombre, no lo sé--, pero es necesario encontrar el fundamento para individuar responsabilidades comunes entre católicos y laicos [no creyentes o que no inspiran la ética en la religión, ndr.], para fundamentar una acción que no sólo responda a la acción, sino también al deber y a la moral».

El cardenal alemán recordó que la ley natural es independiente de la fe: «La fe puede ayudar a encontrarla, pero no depende de ésta», esclareció.

Joseph Ratzinger reconoció que «en las últimas décadas el poder del hombre ha crecido de manera inimaginable y su capacidad de destrucción es imponente. Sin embargo, no han aumentado nuestras capacidades morales, se da una desproporción entre el poder de hacer y el de destruir las facultades morales», lamentó.

«El gran desafío consiste en descubrir cómo podemos ayudar a superar esta desproporción», indicó, reconociendo que en este sentido la Iglesia tiene una contribución que ofrecer, motivo con el que se abrió el Concilio Vaticano II.

«La Iglesia nació como una comunidad de mártires y no como una religión de Estado», recordó. «No tiene otros instrumento para guiar a la gente que la fuerza de la convicción: el mismo Dios es razón y amor, dado que creer en Dios "logos" es creer en un Dios que ha creado la razón y al mismo tiempo crea por amor».

«El catolicismo, ¿es también una fuerza del presente?», se preguntó: «Mi respuesta y la del presidente del Senado», afirmó Ratinzger citando el libro que ha firmado con Marcello Pera, es que «el árbol tiene necesidad de raíces».

«La tesis es que la cultura laica, cuando se separa de las raíces, se convierte en dogmática y pierde su fuerza moral», consideró.

De este modo, insistió, «la razón se convierte en funcional y técnica, perdiendo sus facultades morales», y «sin capacidad moral la libertad se convierte en una caricatura de sí misma».

«Hoy se piensa que, si "se puede" hacer algo, entonces "se debe hacer". En este caso, la libertad se hace absoluta y deja de tener criterios morales», expresó con preocupación.

«Si el "poder hacer" se convierte en "hacer", la humanidad se destruye a sí misma y pierde su dignidad», denunció.

Para el cardenal Ratzinger, la crisis actual de Europa es muy diferente a la que provocó la revolución de 1968 o la caída del comunismo, pues en ese caso el marxismo se proponía como «un gran moralismo científico». «Por el contrario, tras su caída, ha llegado el vacío, y ahora todo está por hacer, por construir. Se ha apagado la razón moral», reconoció.

Por este motivo explicó que «el Magisterio de la Iglesia insiste mucho en la razón del hombre, que tiene la capacidad moral de despertarse del sueño. En el pasado se daba la evidencia de una razón común».

«El cristianismo debe convencer con sus fuerzas morales y debe respetar ciertamente a las personas que no tienen el don de la fe», concluyó.

Por su parte, el presidente del Senado, Marcello Pera, experto en Karl Popper y profesor de Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Pisa, basó su análisis en una radiografía del malestar que experimenta Europa.

«Se da un malestar político en una Europa dividida en sus relaciones con Estados Unidos, con Israel, con la actitud que debe asumir ante el terrorismo y el despertar del Islam», constató.

«El malestar es también social --añadió--: inmigración, seguridad, multicultura entendida como agregación de mónadas, malestar intelectual, relativismo según el cual todas las culturas y las civilizaciones son equivalentes y no pueden jerarquizarse, lenguaje políticamente correcto en el que la palabra "mejor" está prohibida y sólo se aplica a corbatas, postres y no a culturas, etc.».

«Se da también el malestar espiritual y una crisis de identidad que surgió ya antes de la guerra y del terrorismo», indicó el presidente del Senado.

«Europa no sabe tutelar su propia identidad, no sabe defenderse. La tolerancia se convierte en indiferencia; Europa quiere el diálogo pero no sabe pronunciar el pronombre "yo", pretende ser sabia y anciana pero ya no reconoce los fundamentos de su presunta sabiduría...», lamentó Pera.

«Propondría una religión civil cristiana en la que todos podamos reconocernos en valores comunes», concluyó el político y filósofo de Toscana.

«Si Europa quiere un futuro, entonces es necesario que de un cambio», sostuvo al ofrecer su broche de oro el rector de la Universidad Pontificia de Letrán, el obispo Rino Fisichella.


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