Inocente hasta demostrar lo contrario
En todos los códigos civiles y criminales se estipula el principio que “toda persona acusada se presume INOCENTE hasta que no se demuestre con pruebas fehacientes su culpabilidad.
Parece ser que en éste país de la Democracia, en el que todas las personas tienen derecho propio a defenderse de algún cargo, y de ser considerados inocentes, no se cumple con ese principio, cuando se trata de algún sacerdote de la Iglesia Católica, que algunos han sido acusados de supuesto abuso sexual en menores, con más de 5 años de haberse cometido el delito, y de una vez se les declara culpables sin investigación criminal ni juicio con jurados, como han hecho ya muchas veces y recientemente con el Reverendo Padre Rolando Castillo, hombre recto y correcto.
Lo peor es que dichos casos constituyen una noticia de “primera plana” a la que se le da publicidad a bombo y platillo, difamando y destruyendo la reputación y la credibilidad del sacerdote católico y aún cuando se comprueba la inocencia del prelado acusado, la prensa no rectifica la noticia, dejando en una nebulosa inconclusa y por el suelo la reputación del sacerdote.
Cuando el caso es anulado por falta de pruebas o cuando se libera al sacerdote de la acusación, debería haber una rectificación en las mismas “cuatro columnas” y en el mismo lugar y con la misma importancia con las que se dio la noticia.
Pero esto no sigue las directrices de la Sociedad Interamericana de Prensa que indican con meridiana claridad los pasos a seguir cuando se trata de la reputación de una persona o entidad, para devolverle su honor y su prestigio, porque eso no vende y no sube los ratings...
Lo mismo sucede con los Noticiarios de Televisión, que dan la noticia de la acusación pero que siguen paso a paso el desenvolvimiento del caso cuando la acusación se comprueba, y de los que son exonerados no vuelven a decir ni una palabra.
Judicialmente y desde el punto de vista de la evidencia, es la palabra del acusador en contra de la palabra del acusado. No hay lesiones visibles porque el hecho supuestamente se realizó 5, 10 y hasta 30 años antes.
Hoy día cualquiera puede acudir a un abogado que sepa manejar éstos casos y jurar por todos los santos del cielo que fue abusado por un sacerdote de su parroquia cuando servía de monaguillo, para buscar dinero fácil, y parece que ya se está volviendo costumbre, pues nuestros sacerdotes están a merced de la palabra de cualquiera ¿Y quién los defiende a ellos? ¿Vamos a seguir permitiendo esto?
¡Ya basta de denigrar a nuestros sacerdotes y a nuestra Iglesia!