¿Debe hacerse siempre todo lo posible para prolongar la vida?

¡No! Puede llegar un momento en que sea apropiada la orden de No Resucitar (NR o sin código). Puede llegar un momento en que desconectar un ventilador, desistir de hacer una cirugía, o descontinuar un tratamiento médico será la decisión médica apropiada.

No existe una obligación moral ni etica de procurar un tratamiento que no está médicamente indicado, o que es inútil, innecesario o molesto para el paciente.

Si llega el momento en que ya no podemos curar o sanar, nuestro papel cambia. Nos corresponde, entonces, cuidar, haciendo lo que esté a nuestro alcance para cubrir las necesidades físicas, emocionales, sociales y espirituales de la persona que está muriendo. (Vea el artículo “El cuidado Paliativo”, más adelante.)

Muchos de quienes ofrecen conscientemente sus cuidados resaltan la importancia de que haya un equilibrio entre la carga que representa para el paciente el tratamiento y el beneficio que éste le reporte al paciente. Sin embargo, debemos ser cautelosos de que lo que consideramos una carga lo sea verdaderamente para el paciente y no para la familia, la compañía de seguros, o la institución.

Para cubrir de la mejor manera las necesidades del paciente necesitamos primero superar nuestro miedo a involucrarnos. Entonces, podemos empezar a escuchar, compartir y ayudar.

Debemos tener muy clara la diferencia entre permitir a una persona moribunda que muera naturalmente y hacer algo u omitir algo con la intención de causar directamente la muerte. Es la intención lo que debe estar por encima de todo en nuestras mentes.

 
 
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