¿No tengo acaso derecho a decidir?

“La libertad de elegir”
no se refiere a escoger
entre sopa o ensalada,
entre un carro rojo u otro azul.
Tal vez deberíamos examinar
lo que se esconde detrás de
las consignas.

Los que propenden por la eutanasia se han apoderado de términos como “libertad para escoger,” “derechos,” “autodeterminación.” Su propósito es que cada persona tenga el “derecho” a decidir cuándo, cómo, dónde y bajo qué condiciones él o ella ha de morir. Para los propulsores del “derecho a morir”, un paso necesario es suplantar la ética del respeto religioso a la Santidad de la Vida profundamente arraigado y sentido con la engañosa ética de la Calidad de Vida.

Aferrarse a la noción de autonomía absoluta, es decir, al derecho irrestricto a decidir acerca de todas las cosas, constituye una separación radical y caótica del orden moral tradicional.

El derecho a matarse a sí mismo ha sido denegado en la cultura occidental. En algunos lugares se descriminalizó el suicidio y el intento de suicidio porque a) era difícil llevar a juicio al individuo y b) porque la sociedad reconoció que el suicidio y el intento de suicidio son signos de inestabilidad o enfermedad mental. El no ser ilegal el suicidio no lo convierte en un derecho ni en una decisión correcta. El suicidio sigue siendo un mal que no beneficia a nadie. Reclamar el propio derecho al suicidio o exigir ayuda para morir son actos públicos, no privados. Requieren la aceptación, (cuando no el consentimiento) de otros. Mucho se ha escrito acerca de la agonía y la culpa que marcan a los parientes de quienes cometen suicidio.

Aunque la expresión “derecho a morir” es seductora, es fundamentalmente anti-libertaria.... Una vez que entreguemos al estado el derecho de autorizar nuestro derecho a morir, también podría contemplar decidir acerca de nuestro derecho a vivir. Así se llegó de la eutanasia voluntaria a la eutanasia involuntaria. ¿Quién decidirá a nombre de aquellos que no pueden tomar decisiones? ¿En qué momento se convierten los “derechos” en expectativas, y aún en obligaciones?

En lugar de propiciar el “derecho a morir”, debemos luchar por un medio ambiente en el cual ninguna persona se sienta empujada a buscar la “salida fácil” de la muerte, la cual es irreversible.

 
 
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