La crueldad entre los Hombres
“Los que no pueden acordarse del pasado están condenados a repetirlo.”
George Santayana
Mientras el Tribunal Supremo de Estados Unidos deliberaba sobre el suicidio asistido, personas minusválidas, muchas en sillas de ruedas, protestaban en el exterior del edificio del Tribunal. Llevaban pancartas en las que proclamaban “No estamos muertos todavía” y “Queremos vivir”.
El grado de vulnerabilidad de estas personas me llamó la atención cuando vi el programa televisivo de Nightline de la ABC (16-V-97). el documental ponía de manifiesto aun otro aspecto atroz de la segunda guerra mundial y el esfuerzo increíblemente organizado y sistemático para eliminar niños, adolescentes y adultos con impedimentos mentales o físicos. Esta fase del “proceso de limpieza” no tuvo nada que ver con la campaña de genocidio contra los judíos ni tuvo lugar en los campos de concentración.
El reportero y el camarógrafo introdujeron al público vidente en un almacén en el sótano de un hospital de Viena donde se conservaron cuidadosamente 417 cerebros humanos preservados de niños e infantes, cada uno en su propio recipiente. Me dieron escalofríos al ver esos cerebros y las fotos de muchos de los niños a los que se los había sacado (el doctor era también un fotógrafo aficionado).
La investigación ha revelado el hecho de que el proyecto, llamadoAdtion T'4, fue creado y dirigido desde un edificio en el # 4 de Tiergartenstrasse en Berlín. Se ordenó a los doctores y comadronas a reportar sobre todo niño o infante que tuviera alguna incapacidad. Entonces se enviaba al niño —supuestamente para tratamiento— a una institución tal como Spiegelgrund (el hospital depositario de la colección de cerebros). En seguida se enviaba a Berlín un breve informe sobre el niño, a veces un párrafo, a veces sólo unas palabras. Allí los doctores juzgaban en casi todos los casos que el niño no era “digno de continuar viviendo”. Uno a uno, se fueron asesinando a estos niños. La causa de muerte que se reportaba en los certificados de defunción era casi siempre neumonía, y se le enviaba el cadáver a la familia, pero sin el cerebro. (Un hombre recordad que su hermanita de 3 años había tenido un pañuelo amarrado al rededor de la cabeza. La familia no sabía que le habían sacado el cerebro, pero dudaban que hubiera muerto de causas naturales.
“Hitler y sus serviles doctores llamaron a esto eutanasia.”
El reportero de ABC sintetizó estas prácticas horripilantes y escandalosas diciendo que “Hitler y sus serviles doctores llamaron a esto eutanasia”.
El Dr. Heinrich Gross estaba a cargo de toda la sala de niños y supervisó el asesinato de estos niños (se calcula que de 7 a 10 por mes). Firmó personalmente 238 certificados de defunción. Tan espeluznante como son estas revelaciones es el hecho de que Gross, que alega tener “la mayor colección de espécimen de cerebros”, sea hoy día un “respetado médico que vive una vida tranquila en las afueras de Viena” y a quien se le consulta con frecuencia como Testigo Experto en desórdenes cerebrales.
¿No merece este doctor el mismo destino que otros criminales de guerra?
Antes de contestar esta cuestión, quizá sea necesario preguntarnos ¿cómo puede la sociedad de los Estados Unidos condenar a este hombre mientras:
¿Es que los americanos que llevan a cabo esta prácticas menos bárbaros—o culpables—que el Dr. Gross?
Muchas personas no saben que antes de que se matara a un judío, homosexual, gitano, pastor o sacerdote, los Nazi habían perfeccionado una inexorable maquinaria para imponer la muerte a unos 300.000 ciudadanos alemanes que tenían incapacidad mental o física. Una vez que los programas, el personal y los protocolos estaban organizados, estalló el horror que conocemos como “el Holocausto”.
Esto no sucedió en un vacío. Por años, germinaron las semillas brutales de la intolerancia y la discriminación. Los escolares estudiaban gráficos y calculaban cuántos servicios, dinero, pan, mermelada y otras necesidades de la vida se podía ahorrar liquidando a todo aquel que fuera “un lastre para la sociedad”. Los cineastas y escritores alemanes dieron un carácter romántico a la eutanasia como una “muestra de amor”. La mayor parte del personal médico y los soldados obedecieron órdenes ciegamente. La gente común, preocupados por su propio bienestar, ignoraron las señales de alerta y se retiraron. Muchas iglesias no protestaron. Los medios de comunicación controlados por los Nazi perpetuaron las mentiras y medias verdades. Las políticas económicas ocultaron los derechos humanos.
El programa alemán de eutanasia fue condenado en los juicios de Nuremberg como un “crimen contra la humanidad”.Medio siglo después, en Estados Unidos, ¿es de sorprender que los minusválidos se preocupen? ¿No deberíamos todos preocuparnos por ellos y con ellos?No es popular comparar a los Estados Unidos contemporáneos con la Alemania Nazi y sin duda hay diferencias. Pero cometeríamos un gran erros si no reconociéramos las similitudes.
Se puede obtener más información en:
Brennan, W., Medical Holocausts (vol. I): Exterminate Medicine in Nazi Germany and Contemporary America. (Nordland Publishing International, 1980).
Burleigh, M., Death and Deliverance: Euthanasia in Germany 1900'1945 (Cambridge University Press, 1994
Gallagher, H. G., By Trust Betrayed: Patients, Physicians and the License to Kill in the Third Reich (Henry Holt / Co. 1990).
Lifton, R. J., The Nazi Doctors: Medical Killing and the Psychology of Genocide (Basic books, 1986).
Wertham, F., MD, A Sign for Cain: An Exploration of Human Violence (Paperback Library, other editions, 1966, 1969), especialmente el capítulo 9.
Van de la mano
De unos comienzos de poca monta
“No importa la proporción que hayan alcanzado estos crímenes [en la Alemania Nazi], resultó evidente a todos los que los investigadores que los mismos tuvieron un comienzo de poca monta. El comienzo fue meramente un viraje sutil en el énfasis dado a la actitud básica de los médicos. Comenzó con la aceptación de la actitud, básica para el movimiento de la eutanasia, que existe lo que se llama una vida que no vale la pena vivir.”
Dr. Leo alexander
Psiquiatra y Consejero Principal de Estados Unidos en el Tribunal de Nurenberg
“Medical Science Under Dictatorship”, New England Journal of Medicine, 4 de julio de 1949
La decimocuarta enmienda da derecho a todos a protección
“Cuando el congresista John A. Bingham de Ohio elaboró el proyecto de la decimocuarta enmienda con el fin de garantizar el derecho a la vida, la libertad y la propiedad a todos los seres humanos, explicó que todos tienen ‘derecho a la protección de las leyes de Estados Unidos, porque su espíritu divino de igualdad declara que todos los hombres han sido creados iguales'. Dijo que por lo tanto los derechos garantizados por la enmienda eran aplicables a ‘todo ser humano'. El magistrado William Brennan, en otro caso decidió un año anterior al caso Roe v. Wade [la decesión del Tribunal Supremo que legalizó el aborto a petición], se refirió a nuestra sociedad como una que ‘afirma firmemente la inviolabilidad de la vida humana'.
“Otro William Brennan —no el magistrado— nos ha recordado las terrible consecuencias de que un país rechace la ética de la inviolabilidad de la vida humana:
El ambiente cultural pra que se de un holocausto humano esta presente siempre que a una sociedad se le pueda engañar definiendo a individuos como subhumanos y por tanto desprovisto de valor y respeto.
“Estoy convencido de que los Americanos no quieren desempeñar el papel de Dios en referencia al valor de la vida humana. No nos toca decidir quién es digno de vivir y quién no. Hasta la opinión del Tribunal Supremo en el caso Roe v. Wade no rechazó la idea tradicional americana sobre el valor y dignidad de toda vida humana; simplemente esquivó este asunto
“Abraham Lincoln expuso que no podemos perdurar como una nación libre cuando algunos hombres pueden decidir que otros no son dignos de ser libres and por lo tanto deben ser esclavos. Asimismo, no podemos perdurar como nación libre cuando unos hombres deciden que otros no son dignos de la vida”