“Estado Vegetativo Permanente”

La eutanasia, en último término, no tiene como objetivo aquellos que realmente están muriendo. En ellos, la naturaleza seguirá su curso. La eutanasia se enfoca hacia los que no están muriendo suficientemente rápido, aquellos que el estudioso de la ética Daniel Callahan llamó rudamente, “biológicamente tenaces.” Se ha intentado expandir la definición de “muerte” para que incluya personas en “estado vegetativo permanente” (EVP) con el fin de justificar el cese de los cuidados o el uso de sus cuerpos u órganos para transplante.

No se ha podido llegar a un acuerdo en la comunidad médica sobre qué es el EVP, ni sobre los métodos ni el tiempo necesario para su diagnóstico.

La persona en EVP frecuentemente tiene ciclos de sueño y vigilia, movimiento de ojos, y funciones respiratorias, circulatorias y digestivas normales. Algunas personas en este transe tienen movimientos ocasionales, y otras no; algunas pueden tragar, otras no; algunas están así por un accidente, otras por un derrame o por demencia avanzada. En algunos casos, el cerebro parece haber cambiado; en otros, no se observa cambio alguno.

Algunos pacientes no están realmente en EVP, sino que están “encerrados”. Pueden estar mudos e inmóviles, pero mentalmente despiertos y capaces de comunicarse por medio de pestañeos o con la ayuda de una computadora, si alguien les permite tener acceso a ella. Otros sufren de grave deterioro físico, lo cual afecta grandemente su capacidad de comunicarse.

En la práctica, la definición de EVP es tan amplia que cubrió a Cristina Busalacchi, mujer joven de Missouri, aunque ella saludó a un médico, hizo sonidos para indicar cual telenovela deseaba ver, presionó el botón de una grabadora para tocar cintas, y reconoció a su padre en la televisión. (Es de esperar que no se haya dado cuenta que éste estaba solicitando permiso para causarle legalmente la muerte por medio de deshidratación y hambre.)

Si las definiciones son inciertas, el diagnóstico y los planes de tratamiento lo son aún más:

Algunas objeciones a la epivalotanasia (muerte impuesta) se basan en que “ellos pueden recuperarse”. Seamos sinceros: muchas personas en EVP no se recuperarán. Matarlos no es la cura es una “solución final” que una sociedad civilizada debe rechazar como crimen contra la humanidad.

Los defensores de la eutanasia frecuentemente aducen que es preferible la muerte a no poder relacionarse con otros. Esta aseveración arrogante y egoísta pone todo el peso sobre aquel que es menos capaz de “complacer a otros”.

El ámbito inconsciente es mucho más complejo de lo que la mayoría de nosotros se imagina. Nunca sabremos con exactitud qué sucede al interior de la mente de una persona (aún si ella misma puede decírnoslo, mucho se pierde en nuestra interpretación). Las personas que sufren de daño cerebral severo pueden, sin embargo, disfrutar por medio del tacto y del gusto, o percibiendo fragancias o sonidos; también pueden sentir soledad, miedo y desesperación. Sin embargo, su incapacidad para satisfacer nuestro afán de tener una respuesta no justifica que se sometan al abandono o a la muerte impuesta.

¿Vegetales?

Debemos cuidar nuestro lenguaje. A veces las personas desinformadas utilizan el término burdo “vegetal” para describir a alguien que tiene un daño cerebral o que está físicamente discapacitado. Este término injurioso es el resultado de que los médicos introdujeron el término deshumanizante “estado vegetatoivo”.

Cuando rebajamos a una persona al estado de un frijol, una papa o un nabo, no sólo rebajamos a la víctima sino a toda la humanidad.

Para mayor información:
Jane D. Hoyt, M.Ed., “A Gentle Aproach: Interacting With a Person Who Is Semi-Conscious or Presumed in a Coma,” Program for Human Rights & Medicine, University of Minnesota, 1994.

The Hastings Center Report, 10/93:22
British Medical Journal, 7/6/96
Detroit Free Press, 6/26/90:10A
British Medical Journal, 8/92:304 - 305

 
 
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