Cuando no se Proporciona Alimento y Agua...
Nutrición (alimento), hidratación (agua) y aire son las necesidades más básicas para mantener la vida. No importa si un paciente se puede alimentar sólo, se le ayuda a alimentarse o se le alimenta por medio de una sonda, las consecuencias de negarle alimentación y fluidos son universalmente las mismas.
Si una persona no puede tragar la comida y los fluidos, se le inserta una sonda para proporcionarle la alimentación. Una sonda nasogástrica se le pasa a través de la nariz, por el esófago hasta el estómago. Si es necesario administrar la alimentación por medio de una sonda por un período largo, se le inserta al paciente una sonda a través del abdomen directamente al estómago mediante una gastrostomía (sonda G). Tras la cirugía, este procedimiento rara vez produce alguna molestia. La alimentación administrada a través de la sonda es verdadera comida y agua. No es “alimentación e hidratación artificial” como le llaman los que pretenden engañarnos haciéndonos creer que la alimentación por medio de sonda es un “tratamiento médico opcional” y no la comida de un enfermo. La alimentación por medio de sonda puede ser administrada por cualquier persona entrenada, inclusive el propio paciente o miembros de su familia; el costo es muy bajo.
En los último años, muchos fallos de los tribunales y leyes relacionadas con los testamentos sobre la vida han autorizado que personas discapacitadas (no al borde de la muerte) se les deje morir por falta de alimentación e hidratación. Así es el caso de 1983 de Paul Brophy, un bombero de Massachusetts, que cayó en coma tras una cirugía para reparar un aneurisma cerebral reventado. Tenía daño cerebral permanente, pero no se estaba muriendo. El día 10 de marzo de 1986 murió, diez dias después que el personal médico paró de alimentarlo a través de la sonda G con la aprobación del Tribunal Supremo de Massachusetts. Tres de los magistrados del tribunal disintieron de ese fallo.
En su opinión disidente, el magistrado Justice Lynch describió “los varios efector posibles de la falta de hidratación y alimentación” de la manera siguiente:
La boca de Brophy se secará y endurecerá o se cubrirá de materia dura. Se le resecaran y partirán los labios. La lengua se le inflamará y podrá partise. Sus ojos y sus mejillas se hundirán . La mucosa de su nariz se resecará hasta sangrar. Su piel colgará y se resecará hasta hacerse escamosa. Su orine se hará espeso hasta quemar la vejiga. Las paredes del estómago se secará y él experimentará náuseas secas y vómito. Le subirá mucho la temperatura. Se le secarán las células cerebrales, y las secreciones gruesas que resultarán podrán obstruir los pulmones y causar la muerte. En algún momento entre cinco días y tres semanas se rendirán sus principales órganos, entre ellos los pulmones, el corazón y el cerebro, y se morirán. (Brophy v. New England Siani Hospital, No. 85E0009-G1, 21-X-85:28-29)
El tribunal manifestó que la sonda G de Brophy podía quitarse o cerrarse. Sin embargo no se hizo ninguna de las dos cosas. Se le mantuvo la sonda en su lugar pero no se le alimentó. Cuando comenzó a convulsionar se le administró medicamento anticonvulsivo por medio de a sonda., así como antiácidos y laxantes para hacerle la muerta más “confortable”.
Aparentemente no se consideró que la sonda era un procedimiento invasivo u opresivo. ¿Es que el alimento y los fluidos resultaban ser medicina onerosa para Paul Brophy? Es ridículo pensar eso, ya que sí se le administraron medicamentos reales —anticonvulsivos, antiácidos y laxantes— a través de la sonda G para tratar problemas que este hombre no hubiera padecido de habérsele continuado alimentando por medio de la sonda. Es obvio que la razón por la cual se le causó la muerte a Brophy fue que a él se le consideraba una “carga”.
¿Se repite la historia?
Los Nazis llamaban a los pacientes designados a morir de inanición “comedores inítiles”. El fallo sobre Brophy abrió un poco la puerta para que los hospicios y hospitales puedan llevar a cabo lo que antes se denominaba “crimen contra la humanidad”: negar deliberadamente la alimentación e hidratación a una persona. A los doctores alemanes se les condenó a muerte por este crimen.
El hospital Sinai de Nueva Inglaterra, donde Brophy estaba internado, rehusó parar la alimentación de éste. El Dr. Lajos Koncz, el médico del hospital responsable de la decisión que éste tomó, refutó la idea de que se aprobara remover la sonda por ser considerada una medida “artificial”. Koncz se crió en Alemania tras la guerra y recordaba a los sobrevivientes de los campos de concentración. Manifestó: “No creo que esto [la sonda G] es más artificial que un tenedor.¿Llegará el día en que también retiremos la cuchara?” (American Medical News, 14-II-86)
Algunos proponentes de la muerte impuesta sugieren que debido a que la muerte por deshidratación e inanición es dolorosa, horrible de presenciar y tarda mucho, sería más “misericordioso” conseguir ese propuesto fin mediante una inyección letal. Engañosamente encuadran el debate dentro de términos de escoger el menor de los males: la deshidratación o la inyección letal (en esencia, muerte o muerte, ¡vaya que alternativas!).
En realidad, el asunto debe ser si escogemos la perversidad de matar o e bien de cuidar a la persona.