Reflexión del Mensaje de la Santísima
Virgen
María Reina de la Paz
Por el Rev. Padre Francisco Verar
(Asesor del Movimiento María Reina de la Paz en Hispanoamérica
- Panamá)
Febrero 2008
“Queridos hijos: En este tiempo de gracia, los invito nuevamente a la oración y a la renuncia. Que su día esté hilvanado de pequeñas y fervientes oraciones, por todos aquellos que no han conocido el amor de Dios. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”
El mensaje en esta ocasión debemos verlo como una continuación del anterior 25 de enero cuando la Virgen nos invitaba a entrar en la cuaresma como tiempo de gracia. En aquella ocasión dijo: “Queridos hijos: Con el tiempo cuaresmal, ustedes se acercan a un tiempo de gracia. Su corazón es como una tierra labrada y está pronto a recibir el fruto que germinará en bien. Ustedes, hijitos, son libres de elegir el bien o el mal. Por eso los invito: oren y ayunen. Siembren alegría, y en sus corazones, el fruto de la alegría crecerá por vuestro bien, y otros lo verán y lo recibirán a través de su vida. Renuncien al pecado y elijan la vida eterna. Yo estoy con ustedes e intercedo por ustedes ante mi Hijo. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!” Ahora nos dice: “Queridos hijos, en este tiempo de gracia los invito nuevamente a la oración y a la renuncia.” La Madre no quiere que subestimemos este tiempo de gracia. Por el contrario, espera que nuestros corazones estén completamente abiertos a Dios y a su gracia y los medios por excelencia para lograrlo, son la oración y la renuncia. ¡Ambas cosas!
La oración comporta siempre un diálogo de amor con Dios en la soledad, el grupo de oración, la oración litúrgica, la adoración a Jesús sacramentado… pero, desde el recogimiento del corazón. En la oración hay que saber escuchar a Dios; no sólo hablarle y decirle lo que ya sabe. ¡También hay que saber escucharle! La oración es siempre un coloquio de amor, de puro amor y de amor puro. Y para ello, también es importante la renuncia. Si no sabemos renunciar a nuestra voluntad tendremos dificultad para saber escuchar a Dios. El problema no consiste solamente en que la gente no encuentra tiempo para orar, sino además, en que cuando lo encuentra no sabe como hacerlo. Por eso la Madre nos invita también a la renuncia. Si la oración no va acompañada de la renuncia nos podríamos transformar en una especie de teléfono que sólo recibe y transmite información pero que no es conciente de su existencia. Lo mismo puede ocurrir con la oración. La gente puede orar sin experimentar nada. Recordemos, por otra parte, que cuando Jesús nos invitó a seguirlo, su primera condición fue la renuncia y no que aprendiéramos el catecismo o que desarrolláramos vida de oración: “El que quiera venir en pos de mi, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz y sígame” cf Lc. 9:23. Entonces, sin la renuncia no puede haber auténtico seguimiento del Señor y tampoco se puede orar correctamente; —de hecho el new age y algunas religiones orientales, separan la oración de la renuncia.
Entonces, en esta cuaresma, particularmente, consideremos la importancia que tienen las renuncias comenzando por aquella interior de la cual ya nos puso en evidencia la Virgen en la Cuaresma de 2006, en la aparición anual a Mirjana el 18 de marzo: “¡Queridos hijos! En este tiempo cuaresmal los invito a la renuncia interior. El camino que los conduce a ello, pasa a través del amor, el ayuno, la oración y las buenas obras. Solamente con una total renuncia interior, ustedes reconocerán el amor de Dios y los signos del tiempo en que viven. Serán testigos de esos signos y comenzarán a hablar de ellos. Hacia eso deseo conducirlos. ¡Gracias por haberme respondido! ”
Para que no nos confundamos, la renuncia interior es la decisión de corazón de rechazar algo que después se concreta en lo exterior y en lo material. Sin la renuncia interior no hay desapego efectivo y afectivo. Todo comienza, entonces, en el corazón. De dentro hacia fuera. Y no lo contrario. Entonces, se puede renunciar a actividades, cosas, personas, placeres… pero sobre todo, hay que renunciar al pecado y a las cosas que dañan la vida espiritual para que Dios reine en el corazón.
También en el mensaje de este 25 la Gospa nos pide que “el día entero esté hilvanado de pequeñas y fervientes oraciones por todos aquellos que no han conocido el amor de Dios” . Cuando hacemos esto, no sólo cooperamos para que la gracia de Dios llegue a muchas almas que no conocen el amor de Dios, sino que nos hacemos un favor a nosotros mismos, ya que muchas veces dejamos de experimentar el amor de Dios en la oración. Luego, la Virgen nos pide que oremos también por nosotros mismos.
Sabemos, que por 20 años, la Madre tiene un encuentro especial de oración con Mirjana el día 2 de cada mes, para orar por esta intención. Y eventualmente, da un mensaje relacionado. Lo interesante, sin embargo, del mensaje de este 25 de mes, es que la Virgen nos pide ahora, que durante todo un mes, oremos en todo momento por este propósito. Es una hermosa tarea, pero nada fácil para quienes no han desarrollado el hábito de la oración continua. Porque no se trata de orar de vez en cuando por quienes no conocen el amor de Dios, sino TODOS LOS DÍAS y TODO EL DÍA con jaculatorias fervientes. Entonces, se podría comenzar el día —como todo hijo de María— con la oración del santo rosario, la Liturgia de las Horas, la santa Misa… y luego: repetir durante toda la jornada, jaculatorias fervientes por quienes no conocen el amor de Dios. Recordemos, como lo dijo la Virgen, que “son ellos quienes ponen en peligro la paz del mundo”, por eso al presente nos invita orar de continuo por esta intención. ¿Estaremos cerca de la realización de los secretos?