Mensajes de la Santísima
Virgen María Reina de la Paz
del 25 de Septiembre del 2010, Bosnia Herzegovina
y Reflexión autorizada del santuario para Iberoamérica
del Padre Francisco Ángel Verar
"Queridos hijos: Hoy estoy con ustedes y los bendigo a todos con mi bendición maternal de paz, y los exhorto a vivir aún más vuestra vida de fe, porque aún son débiles y no son humildes. Los exhorto, hijitos, a hablar menos y a trabajar más en vuestra conversión personal, para que su testimonio sea fecundo. Y que su vida sea una oración continua. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!"
Antes de comentar el mensaje que la Virgen nos ha dado este 25
de septiembre, conviene recordar lo que nos dijo en los dos
últimos mensajes. Porque ningún mensaje está separado de otro.
Cuando la Madre vuelve hablar, no se debe olvidar lo que
mencionó antes. La Virgen ha dicho que sus mensajes "son como
las piedras de un mosaico". Por consiguiente, cada mensaje es
importante y se debe tener presente que ningún mensaje anula el
anterior.
En el mensaje del 25 de mes pasado la Virgen dijo: "Deseo de
nuevo invitarlos: oren, oren, oren. Que este tiempo sea para
ustedes tiempo para la oración personal. Durante el día busquen
un lugar, donde en recogimiento puedan orar con alegría".
Podemos tener siempre presente esta llamada, porque la Madre
urge a sus hijos queridos, a la pastoral de la oración continua
con el corazón. Y para cumplir con ese objetivo, como dice el
mensaje: hay que buscar un lugar donde a solas se pueda estar
con Dios. La Madre dijo: "Que este tiempo sea para ustedes
tiempo de oración", y el acento recayó en la oración personal,
que no suprime la oración comunitaria, sino que la complementa y
la fundamenta.
Posteriormente, en el mensaje del 2 de septiembre, por medio de
Mirjana, habló sobre la necesidad de superar las pruebas del
tiempo presente, y enfatizó, que una de ellas era el "no saber
perdonar y el no pedir perdón." Considérese que este mensaje va
unido al anterior que hablaba de la oración personal. Porque
nadie que tenga rencor en su corazón, frente a alguien que no ha
perdonado, puede orar en paz y en recogimiento; al igual, si es
consciente que debe pedir perdón a alguien que ha ofendido. De
esta manera, vemos que los mensajes de la Virgen están siempre
relacionados
unos con otros. Hay que "orar, orar y
orar," pero sin olvidar el aprendizaje del amor que conlleva
"perdonar y pedir perdón" al hermano a quien se ha ofendido. Se
recuerda que Medjugorje es una llamada a la oración y una
escuela de amor. Los dos mensajes anteriores resumen lo esencial
que la Madre pide a lo largo de estos 29 años y tres meses que
tiene de estar apareciendo.
En el mensaje de este 25 dice: "Queridos hijos: Hoy estoy con
ustedes y los bendigo a todos con mi bendición maternal de paz".
No es la primera vez que la Virgen se expresa de esta manera.
Podemos decir que esta expresión forma parte de sus saludos
habituales: "Estoy con ustedes... los bendigo a todos..." Es una
forma de hacernos sentir su amor, su cercanía, su intercesión.
La Madre no quiere que ningún hijo suyo se sienta excluido de su
cariño. Por eso dice: "los bendigo a todos".
Todos somos hijos de María y todos necesitamos de Su amor, de Su
bendición maternal de paz. María quiere que cada fiel que lea o
escuche sus mensajes, se sienta realmente bendecido y amado por
Ella, porque para María no hay hijos predilectos ni excluidos.
Todos los hombres, sin distinción de raza, credo, cultura... son
hijos de María, porque son hijos de un mismo Padre y tienen un
mismo Salvador y Redentor Jesucristo.
Ahora pasemos a una de las partes más significativa del mensaje:
"...los exhorto a vivir aún más vuestra vida de fe, porque aún
son débiles y no son humildes." Todos los mensajes que la Virgen
da son exhortaciones. Todos son importantes. No hay un mensaje
más importante que otro. Pero, no se olvide: todos tienen un fin
particular: conducir la humanidad hacia la paz y la conversión
profunda. El mensaje de este 25 de septiembre, examina un
aspecto de la conversión y de la paz: el de la vida de fe de los
creyentes, del cristiano católico.
La Madre está pidiendo a todos ahora, que hagamos un alto y que
cada cual examine como se encamina la vida de su fe en el
cotidiano vivir.
La vida de fe a la que María se refiere, es la vida pública de
cada creyente, en su casa, en el trabajo, en el colegio, la
universidad, en el campo intelectual, profesional, científico o
artesanal. En suma: la vida que da razón a los demás de
Jesucristo. María exhorta a todos a vivir esa vida de una manera
más profunda, y todos sabemos que la única manera de hacerlo, es
tomando más en serio la conversión. Por eso dice en el mensaje:
"aún son débiles y no son humildes". Por lo tanto, la Madre
espera que se trabaje con seriedad en la humildad.
¿Qué es la humildad?
La humildad evangélica es una sola y tiene dos componentes. Es
una virtud que refrena el sentimiento de presunción, orgullo,
soberbia... pero también es la virtud que nos hace reconocer lo
que realmente somos ante Dios; no frente a los hombres, porque
Dios es el único que sabe en realidad quienes somos. El humilde
es aquel que sabe reconocer sus limitaciones pero también
reconoce sus virtudes y sus talentos: diría santa Teresa de
Ávila: "caminar en la humildad es caminar en la verdad".
Entonces, para acrecentar la virtud de la humildad hay que
trabajar con seriedad en los propios defectos de carácter y de
conducta, pero también, hay que reconocer los dones que Dios nos
ha dado y que con Su ayuda, hemos conquistado. Y la mejor manera
de trabajar en la humildad es: asumiendo en el corazón la vida
de Jesús.
Una persona puede meditar horas acerca de la humildad y luchar
con todas sus fuerzas por transformar su carácter, su orgullo...
y luego darse cuenta que de nada sirvió. Entonces, hay que
descubrir una forma mucho más eficaz para llegar a la humildad.
Y en esta meditación quiero revelarte una más sencilla y eficaz:
abriéndole las puertas del corazón de par en par, a la persona
más humilde que ha existido: JESÚS; para que luego reproduzcas
Su imagen en el mundo. Se trata entonces, de ponerte cada día
frente a Él.
Sólo cuando cada día se le abre la puerta del corazón a Jesús,
(el hombre humilde por excelencia)
entonces, se puede avanzar en esa virtud y en todas las demás.
Ese es el ejemplo que los santos nos han dejado. Ellos no
lucharon contra la soberbia, el orgullo, la presunción, la
autoestima.... porque sabían que era inútil; que no servía
tanto. Ellos, por el contrario, se esforzaron por abrirle cada
día el corazón a Cristo; para que Él los transformara.
Los santos descubrieron que el único que podía derribar el
Goliat de su orgullo era Jesús; por ello se colocaban frente a
Él cada día.
Veamos el ejemplo de San Benito. Él nos dejo un bello tratado de
humildad, como también no los dejó Tomás de Kempis. Pero todo lo
que Benito escribió y lo que escribió Tomas de Kempis, fue lo
que Jesús hizo en ellos. Por eso es inútil pretender ser humilde
por las propias fuerzas. El mejor consejo para alcanzar la
virtud de la humildad es ponerse cada día delante de Jesús. Ese
es el mayor ejercicio de humildad. Quien logra hacerlo, se da
cuenta de que por sí mismo, como creyente, no puede alcanzar por
sus propias fuerzas nada porque todo depende de Jesús.
Obsérvese, que sí cada día se le abre el corazón a Jesús, uno
cae en la cuenta que todo depende de Él y que siempre está a
nuestro lado. Y si se procede cada día de esta manera, tampoco
existirán problemas para abrirle el corazón al hermano. Y de
esta manera se le puede también tenderle la mano.
Cuando pongo mi corazón cada día delante de Jesús, me doy cuenta
que Él dependía de Su Padre, que se abría siempre a Su ayuda,
que era pobre delante del Padre. Y me enseña a ser pobre delante
del Padre y delante del prójimo. De esta manera es fácil vencer
la presunción, el orgullo... se trata de reconocer lo que Dios
mismo reconoce que soy yo.
Entonces, Jesús el mejor y más perfecto Maestro de la humildad y
del amor. Para ser humilde hay que tener los ojos fijos en Él.
De ahí que san Ignacio de Loyola recomendaba cada viernes
meditar uno de los 4 evangelios de la Pasión del Señor. La
Pasión de Jesús es la mejor escuela de humildad. La humildad no
se aprende por medio de libros o en la universidad, sino a los
pies de Cristo crucificado.
La segunda exhortación del mensaje también es importante: "Los
exhorto, hijitos, a hablar menos y a trabajar más en vuestra
conversión personal, para que su testimonio sea fecundo". Esta
parte del mensaje va unida a la anterior, porque una expresión
concreta para vivir la humildad es el silencio. Según san Benito
el noveno grado de la humildad es "hablar sólo cuando a uno se
le pregunta". De seguro que la Madre no espera que todos
asumamos esa conducta, que de por sí podría ayudar a muchos
matrimonios y comunidades en crisis. Pero recordemos que nos ha
pedido, concretamente: trabajar más en la conversión personal y
hablar menos. Para que de esta manera, el testimonio sea
fecundo, porque cuanto más se habla, menos se trabaja en la
conversión personal. Recuérdese que muchas conversaciones pueden
manchar el alma personal y la de los demás. Además, de robarle
tiempo a Dios. Santa Teresita del Niño Jesús decía que "lo que
se habla se contamina". Luego, la conversión también se
demuestra frenando la lengua.
La carta de Santiago dice: "Si alguno no cae al hablar, puede
ser considerado un hombre perfecto, capaz de refrenar todo su
cuerpo. Si ponemos a los caballos frenos en la boca para que nos
obedezcan, podremos dirigir todo su cuerpo...En efecto, la
lengua que es uno de nuestros miembros, puede contaminar todo el
cuerpo..."St. 3: 2-6. Esto es una advertencia, si no se cuida lo
que se habla, porque podría estropear el cuerpo y el alma.
También Jesús dijo: "no es lo que entra lo que estropea al
hombre sino lo que sale de su boca." Y la Madre en el mensaje de
este mes nos invita a "hablar menos y a trabajar más". Nos está
pidiendo orden y decoro en nuestra manera de expresarnos, sea
porque se habla más de lo que se debe (y esto incluye los chat,
mails, móviles) o bien: porque faltamos al amor en nuestra
manera de expresarnos.
Sustituir el diálogo, los mails, los chats... por el trabajo de
la conversión personal no es fácil, pero tampoco es un
imposible.
Como ocurre con los demás mensajes de la Virgen, lo primero es
la decisión personal.
Convertirse es una decisión. Es lo que espera María; de lo
contrario no lo pediría: Quiere que todos nos decidamos a
trabajar más en la conversión personal y no perder tanto tiempo
en temas y conversaciones triviales. La Madre ve desde el cielo
a cada uno de sus hijos, y se da cuenta en qué estamos
fallando. Sus mensajes son un indicativo de lo que vivimos en la
tierra. Es lo más hermoso de la presencia de María en Medjugorje.
También dice el mensaje: "Y que su vida sea una oración
continua." Esta es la parte del mensaje más relacionada con el
mensaje del 25 de agosto cuando mencionó: "oren, oren, oren..."
Todos sabemos que quien se decide por la oración, se decide por
la conversión. Las dos cosas van de la mano. La oración nos
lleva a la conversión y la conversión nos lleva a la oración.
Los grandes orantes, en la historia de la espiritualidad
cristiana, fueron los grandes "convertidos", y viceversa. La
Madre al decirnos: "Y que su vida sea una oración continua" nos
está pidiendo oración las 24 horas del día. Es decir: que la
vida entera llegue a ser oración. La Madre no puede pedir
imposibles ni quiere desligarnos de nuestras responsabilidades
habituales.
¿Cómo podemos lograr para que nuestra vida sea oración continua?
Pienso que en el fondo es lo mismo que para vivir en profundidad
la virtud de la humildad: abrir cada día el corazón a Jesús.
Porque la oración es siempre un encuentro personal con Cristo y
la Santísima Trinidad. No se trata de repetir palabras por
repetir... es encontrarse cada día con Dios. Y todo hombre, si
se lo propone: puede vivir las 24 horas en la presencia de Dios.
Eso es orar. Pero para llegar a eso, se debe comenzar cada día
abriéndole las puertas del corazón al Creador, y cuando avanza
la jornada, volverlo hacer. Cuando la Virgen nos pide que
recemos tres partes del Rosario cada día, nos está invitando a
que cada vez, durante la jornada, le abramos por momentos el
corazón a Dios; hasta que esté presente en cada minuto de la
jornada y
así lograr también que esté presente en el sueño nocturno.
Nadie debe decir después de rezar las tres partes del Rosario
cada día: "ya cumplí el mensaje de los tres Rosarios". Si se
expresa de esta manera quiere decir que no entendió nada. Porque
la Virgen cuando nos pide que recemos tres partes del Rosario
cada día, es para que cada vez el corazón se le pueda abrir a
Dios; para que cada vez se experimente Su amor. El Rosario es
sólo un método, lo importante no es el método sino hacia donde
el método nos debe llevar.
Si cualquiera toma el Rosario varias veces al día, cada vez que
lo toma abrirá más su corazón a Dios. Estamos por iniciar el mes
del Rosario. En un mensaje dijo la Virgen que "el mes de octubre
era Su mes", porque es el mes del Rosario. Lo que significa que
es el mes de la oración. Recuérdese que ha dicho: "Y que su vida
sea una oración continua," Por medio del rezo frecuente y
constante del Rosario, se puede lograr que la vida sea oración
continua.
Oremos:
"Oh Jesús, me pongo delante de Ti y de Tu Madre Santísima en
este momento.
Quiero pedirte, con todas las fuerzas de mi corazón, el don de
la humildad infusa.
Tú me conoces, sabes las luchas que tengo con mi orgullo, mi
vanidad, mi presunción. ¡Cuántas veces no he caído en estas
cosas!
Por eso Te pido hoy que me perdones. De esta manera comienzo a
practicar la humildad.
Tu Madre me ha enseñado, que para crecer en el amor y superar
las pruebas de este tiempo debo "perdonar y pedir perdón."
Tú sabes que por mi orgullo y presunción me ha costado "perdonar
y pedir perdón" muchas veces.
Hoy comienzo pidiéndote perdón a Ti, en primer lugar, por
haberte ofendido con mis actitudes; por haberte desplazado de mi
vida, por mi autosuficiencia. Ahora reconozco, junto a Tu Madre,
mi error. Ayúdame a cambiar. Hoy te pido, con todas las fuerzas
de mi corazón: haz mi corazón semejante al Tuyo. No pases
delante de mí sin detenerte para sanarme. Te necesito más que
nunca, porque sin Ti jamás podré ser humilde, jamás podré
perdonar, jamás podré pedir perdón a los demás, como debo
hacerlo. Ahora reconozco mi miseria, mi pequeñez, mi minoridad,
el vacío que hay en mí, por mi orgullo.
Jesús, enséñame a ser sobrio en mi manera de expresarme. Sobrio,
no sólo en las comidas y bebidas, en los programas de televisión
y en el manejo de la internet, del móvil... Jesús: haz que pueda
moderar mi manera de expresarme frente a los hermanos, para no
ofenderte con mi vocabulario, y sobre todo, con el tiempo que
pierdo en conversaciones triviales, vanas, superficiales,
efímeras.... pudiendo aprovechar ese tiempo para la oración y mi
conversión personal.
Pongo delante de Ti Jesús, a cuantos viven conmigo: protégelos,
cuídalos, bendícelos... que como yo, cada uno de ellos puedan
sentirse amados y perdonados por Ti.
Jesús: hoy me decido a perdonar de corazón a cuantos me han
ofendido a lo largo de mi vida, porque no puedo vivir la
conversión, ni puedo orar con el corazón con resentimientos.
Coloca en mi memoria a cuantos me han ofendido y aún no he
perdonado de corazón.
Por otro lado: haz que tenga conciencia clara del prójimo a
quien he ofendido y esperan que le pida perdón. Hoy me decido
hacerlo. De esta manera, comienzo a trabajar en la humildad.
Humildad también es "perdonar y pedir perdón". Tú me lo has
enseñado.
De hoy en adelante quiero ponerme todos los días delante de Ti,
sin ningún tipo de reservas, porque Tu eres mi Salvador, mi
Señor. Te doy gracias por Tu sufrimiento en Cruz y por cuanto
padeciste por mis pecados. ¡Gracias Jesús! Porque Tu Cruz es la
mayor escuela de humildad.
Oh María, Madre del amor, Reina de la humildad, enséñame a
perseverar en el camino de Tu Hijo que es el único que conduce a
la salvación. Te doy gracias por tus mensajes, por Tu presencia
diaria en Medjugorje que me ayuda en mi conversión. Tú eres la
Reina de la Paz y la Reina también de mi corazón.
Recibo alegre Tu bendición maternal que me cuida, me protege y
me guía por el camino del amor y de la humildad.
Dios te Salve Maria...
Sea alabado Jesucristo!