Santo Domingo y el Rosario

“Meditando los misterios del Rosario, aprenderemos –siguiendo
el ejemplo de María– a convertirnos en almas de paz, por mediación del contacto
amoroso e incesante con Jesús y con los misterios de Su vida redentora.”
–Papa Paulo VI

rosario

Santo Domingo de Guzmán, teólogo español (1170-1221) fue el fundador de la orden de Frailes Predicadores o Dominicos. En 1203, Domingo fue enviado al sur de Francia por el Papa Inocencio III a predicar a los albigenses. En aquella época, la doctrina albigense sostenía la dualidad de dos principios eternamente opuestos—el bien y el mal, considerando todo lo material como malo y al demonio como creador del mundo material.

Santo Domingo se dio cuenta que esta doctrina se difundía ampliamente porque los albigenses eran muy instruidos y estaban bien organizados. Para combatir las enseñanzas heréticas de los albigenses, Domingo organizó e instruyó a sus predicadores a fin de que estuvieran mejor equipados para vencer la herejía albigense. Puso énfasis en la educación y sus predicadores recorrieron Europa instruyendo a la gente sencilla y a los líderes religiosos para que fueran capaces de rechazar esta doctrina herética.

Cuenta la tradición que justamente cuando el Santo libraba este combate cuando recibió el Rosario de manos de la Virgen María en una visión. Conforme a la tradición, la Madre de Dios le dijo: "Reza mi Salterio y enséñale a tu pueblo a rezarlo. Esta oración nunca fallará." También le dijo que si hacía lo que Ella le pedía, la herejía de los albigenses desaparecería de Francia. Eventualmente, después de difundir las enseñanzas del Rosario y las meditaciones de la vida, muerte y Resurreción de Cristo, la herejía fue derrotada y la Iglesia se fortaleció.

Así pues, Santo Domingo es asociado ampliamente con el origen y la creación del Rosario porque él fue el primero en implementar la difusión de esta sagrada devoción.

Alrededor de 1700, los pensamientos usados en el Rosario se transformaron en narrativas. San Luis de Montfort compuso la serie más común de narrativas las cuales eventualmente comenzaron a usarse como meditaciones para cada decena del Rosario. Estas narrativas se dividieron en cinco meditaciones o "Misterios" Gozosos, Dolorosos y Gloriosos. Recientemente, en 2002, el entonces Papa Juan Pablo II introdujo otra serie de meditaciones que llamó "Misterios Luminosos".

 
 
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