La recompensa de Nuestra Señora

“... los cuatro Vivientes y los Veinticuatro Ancianos se postraron delante del Cordero.
Tenía cada uno una cítara y copas de oro llenas de perfumes
que son las oraciones de los santos.” (Apocalipsis 5,8)

rosario

La Virgen no sólo bendice a quienes predican su Rosario, sino que recompensa igualmente a quienes hacen que otros lo recen por su ejemplo. En efecto, Alfonso, Rey de León y Galicia, deseaba ardientemente que todos sus súbditos honraran a la Santísima Virgen rezando el Rosario. Así que solía colgar de su cinturón un enorme rosario y siempre lo traía consigo. Pero, desafortunadamente, él mismo nunca lo rezaba. Con todo, el hecho de vestirlo alentó a los miembros de su corte a rezarlo devotamente.

Un día, el Rey cayó enfermo de gravedad y cuando ya era dado por muerto, se vio a sí mismo –en una visión– ante el trono de Nuestro Señor para ser juzgado. Muchos demonios estaban ahí, acusándolo de todos los pecados que había cometido. Nuestro Señor, como Juez Soberano, estaba a punto de condenarlo al infierno cuando Nuestra Señora apareció para interceder por él. Ella pidió una balanza e hizo que sus pecados fueran colocados en una de las escalas, mientras que en la otra Ella misma colocó el rosario que Alfonso siempre había llevado consigo, junto con todos los Rosarios que habían sido rezados gracias a su ejemplo. Sucedió que los Rosarios rezados pesaban más que sus pecados. Mirándolo con ternura, Nuestra Señora le dijo: "Como recompensa por este pequeño honor que me tributaste al vestir mi Rosario, he obtenido de mi Hijo una
gran gracia para ti: tu vida será preservada unos cuantos años más. Cuida de vivir esos años sabiamente y haz penitencia."

Cuando el Rey recobró la consciencia gritó: "¡Bendito sea el Rosario de la Santísima Virgen María, por el cual he sido salvado de la condenación eterna!" Después de recuperar la salud, Alfonso pasó el resto de su vida difundiendo la devoción al Santísimo Rosario. No sólo eso, él mismo lo rezó fielmente cada día. Las personas que aman a la Santísima Virgen deberían seguir el ejemplo del Rey Alfonso, para que también ellos puedan ganar otras almas para la Confraternidad del Santo Rosario. Entonces recibirían grandes gracias en la tierra y la vida eterna después. "Aquellos que me expliquen, tendrán vida eterna "(Ecclus 24:31)

 
 
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