El Rosario que detuvo una Revolución

“Entre todas las devociones aprobadas por la Iglesia, ninguna ha sido favorecida
con tantos milagros como la devoción del Santísimo Rosario.”
–Papa Pío IX

rosario

En 1986, durante la rebelión contra el dictador Ferdinando Marcos, miles de filipinos tomaron el Rosario en sus manos e impidieron a sus tropas tomar el cuartel local de la policía en Manila.

Las tropas estaban listas para disparar, cuando una Señora vestida de blanco se apareció e repente y elevó sus manos, pidiendo a los soldados: “No disparen”. Hubo muchos testigos a esta aparición de María y muchos de los soldados que estaban dispuestos a disparar a la gente, se presentaron llorando ante el Cardenal Jaime Sin, Arzobispo de Filipinas, para contarle lo sucedido. Esta es la historia:“Los tanques intentaban abrirse paso entre la multitud. La gente rezaba y mostraba sus ROSARIOS. Fue entonces cuando, de acuerdo a estos soldados, los militares que iban en el techo de los tanques, los así llamados 'los Leales' (al dictador Marcos), vieron que en las nubes se formaba una Cruz.

Muchas religiosas que estaban ahí trataron de detenerlos, pero ellos (los soldados) me dijeron que habían decidido obedecer las instrucciones y empujar hacia adelante. En ese momento se les apareció una hermosa Señora.“No sé si Ella se apareció en el cielo o si estaba de pie en el suelo. Era bellísima y sus ojos brillaban intensamente. La hermosa Señora les habló así: “¡Amados soldados, deténganse! ¡No sigan adelante! ¡No lastimen a mis hijos!” “Cuando escucharon estas palabras, los soldados bajaron las armas. Bajaron de los tanques y se unieron a la gente. Ese fue el fin de los Leales.” (Jaime Cardenal Sin, 25.2.1986)

“En 1986 el mundo entero observó sorprendido cómo los filipinos derrocamos al dictador y detuvimos los tanques, con nuestras solas manos y de rodillas. Todos los rincones de la tierra constataron el poder del Rosario, el poder de la oración, el poder de DIOS. ... esto nos demuestra que si nosotros, el pueblo de Dios, nos volvemos al Señor, oramos y hacemos penitencia, Él escuchará nuestras oraciones y restaurará la dignidad y sanará nuestra patria. Más poderosas que los fondos económicos son las oraciones. Más efectivos que la planeación estratégica son el ayuno y los sacrificios. Más potentes que la fuerza militar es el poder de un pueblo en vigilia. En efecto, cuando le damos al Señor lo mejor que podemos y confiamos el resto a Su Providencia, el Señor siempre responde.” (Jaime Cardenal Sin, 21.1.2001)

 
 
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