Grandes devotos

“Quiero, pues que los hombres oren en todo lugar
elevando hacia el cielo unas manos piadosas, sin ira ni discusiones.”
(1 Timoteo 2,8)

rosario

Cuando rezamos el Rosario, estamos muy bien acompañados, porque grandes hombres de todas las épocas han sido muy devotos de esta oración. Entre los papas que lo rezaban diariamente están: San Pío V, Pío VII, Pío IX, León XIII, San Pío X, Pío XI, Pío XII, Juan XXIII, Juan Pablo II y el Santo Padre Benedicto XVI continúa este hermoso ejemplo de sus predecesores.

Entre los príncipes de este mundo que fueron particularmente fervorosos del Santo Rosario estaban: Carlos V de España y Alfonso V de Portugal. Entre los teólogos, Santo Tomás de Aquino y San Alberto Magno; entre los músicos, Haydn y Gluck; entre los militares de campo, el conde Tilly, militar bávaro que combatió a los otomanos, y el conde Radetzky de Austria, así como el Mariscal Ferdinand Foch uno de los grandes generales de la Primera Guerra Mundial. Y también Santo Tomás Moro, el Arzobispo Wilhelm Emanuel Ketteler, fundador del movimiento obrero católico y defensor de la libertad de la Iglesia y de la escuela cristiana, el matemático Ampere, el canciller austríaco Engelbert Dollfuss y el Dr. Carlos Finlay descubridor del mosquito transmisor de la malaria.

Ésta es tan solo una fracción de los incontables hombres y mujeres importantes de todos los siglos que tuvieron la devoción diaria al Santo Rosario. Muchos santos consideraron sus cuentas del Rosario como una escalera que lleva al Cielo. El Rosario es una oración que podemos rezar mientras caminamos, conducimos el auto o viajamos en autobús. También cuando esperamos en la fila del banco, en el consultorio del médico o cuando cuidamos a un enfermo o estamos al pie de la cama de un agonizante. El Rosario es un tesoro inagotable de gracias. Pero esto sólo podremos constatarlo cuando comencemos a rezarlo asiduamente, con fervor y con el deseo de conocer más a Jesús y a María Santísima.

 
 
Imprimir esta pagina