No tengo tiempo...

“Por aquellos días, se fueél al monte a orar
y se pasó la noche en la oración de Dios.”
(Lucas 3,21)

rosario


Estrictamente hablando, el tiempo no lo “encontramos”. Tampoco lo “hacemos”, ni lo “perdemos” o lo “recuperamos”. El tiempo marcha inexorablemente y debemos elegir cómo lo llenamos. La pregunta es: ¿En qué vale la pena gastar nuestro tiempo? Y la respuesta dependerá de nuestras prioridades. Si no las fijamos sabiamente, seremos responsables de nuestros fracasos y lo lamentaremos aun más, sabiendo que tomamos decisiones equivocadas.

Hay que gastar nuestro tiempo sabiamente como individuos y como familia. El pasaje evangélico de Marta y María (Lc 10, 38-42) contiene una lección que debemos aprender. Jesús visitaba su casa y Marta se quejó de que su hermana, María, sentada a los pies de Jesús para escucharlo, la había dejado sola con todo el trabajo. Jesús apreciaba la hospitalidad de esta familia a la que visitaba a menudo. Pero le dijo a Marta: “María escogió la mejor parte y nadie se la quitará.”

El punto es que nosotros no comenzaremos realmente a orar –en lo personal y como familias– hasta que no decidamos conscientemente dedicar tiempo a la oración—a pasar diariamente un tiempo a los pies de Jesús, escuchándolo y hablando con Él.

 
 
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