Le enviaron su Rosario

“El Rosario es síntesis de todo el evangelio, meditación de
los misterios del Señor, sacrificio vespertino, corona de
rosas, himno de alabanza, oración de la familia,
compendio de vida cristiana, prenda segura del favor
celeste y de la esperada salvación.”
—Pío XII

rezando

Esa mañana, en los rostros de los 160 estudiantes católicos de la Universidad “Aurora” de Shangai, eran visibles los signos de una profunda tristeza. En la noche habían sido detenidos por la policía tres de los estudiantes más valerosos y habían sido confinados en una prisión comunista. Desde hacía tres meses había comenzado en la Universidad una lucha cerrada entre los estudiantes y los emisarios comunistas, decididos a transformar el gran centro estudiantil en una central comunista.

Pocas eran las noticias que lograban filtrarse de la cárcel, pero era conocido el testimonio de la resistencia heroica de los tres prisioneros: dos chicos y una chica. Con todo, hacia fines de julio, una noticia cae como balde de agua: la joven, sometida presiones fortísimas, cedió y fue liberada. Un día después, cuando ingresa al campus de la Universidad su rostro se ha endurecido, se ve agresivo, irreconocible.

La contemplación de María es ante todo un recordar. Conviene, sin embargo, entender esta palabra en el sentido bíblico de la memoria (zakar), que actualiza las obras realizadas por Dios en la historia de la salvación. La Biblia es narración de acontecimientos salvíficos, que tienen su culmen en Cristo mismo. Estos acontecimientos no son solamente un «ayer»; son también el «hoy» de la salvación. Esta actualización se realiza en particular en la Liturgia: lo que Dios ha llevado a cabo hace siglos no concierne solamente a los testigos directos de los acontecimientos, sino que alcanza con su gracia a los hombres de cada época. Esto vale también, en cierto modo, para toda consideración piadosa de aquellos acontecimientos: «hacer memoria» de ellos en actitud de fe y amor significa abrirse a la gracia que Cristo nos ha alcanzado con sus misterios de vida, muerte y resurrección.
Rosarium Virginis Mariae, n°13)

En una reunión de estudiantes, la joven reniega de su pasado, rechaza a sus amigos de antes y con gran entusiasmo, anuncia su adhesión al movimiento del cisma promovido por los comunistas. Esta revelación sorprende a los estudiantes católicos en el momento más duro de la lucha. Muchos lloran en silencio. Esa noche se reúnen. “Se han robado el corazón de nuestra hermana y nosotros sufrimos por eso,” comienza a decir un estudiante en medio de un silencio impresionante. “Pero nadie piense que estamos vencidos. Nuestra hermana ha caído, es verdad, pero después de haber resistido durante más de un año al aislamiento más absoluto. En esta gigantesca batalla, todos debemos ser soldados. Si uno de nosotros cae, es seguro que los demás no han orado bastante.” Las palabras son directas, incisivas. El estudiante mira a los ojos a sus compañeros y prosigue: “Debemos orar aún más. Sólo Dios puede ayudarnos. Sólo Él puede sostenernos.”

La reunión se disuelve. Ahora, es imposible intentar acercarse a la joven disidente, porque continuamente es escoltada por un grupo de “progresistas”. Sus compañeros piensan, entonces, hacerle llegar un reclamo tácito, de un poder moral irresistible.

El año anterior, al momento de su encarcelamiento, el Rosario de la chica fue recogido por uno de los compañeros. Lo deshizo y las cuentas fueron distribuidas entre los estudiantes, como reliquias de una candidata al martirio. Así que este joven se da a la tarea de recolectarlas nuevamente, repara la corona y la envían a la joven. No es un insulto, es un fraterno reclamo a su fe en el nombre de la Virgen.

Un mes después, la joven, libre de la escolta, entra en la iglesia donde se lleva a cabo el bautismo de dos estudiantes, rito que, en esas condiciones de lucha, tiene un sabor heroico. La joven recuerda entonces su propio bautismo, sus promesas y siente horror por su traición. A los pocos días, ella abandona Shangai y parte hacia Pechino, dispuesta a afrontar nuevamente la lucha, aferrada a su Rosario, testimonio de un antiguo heroísmo. (De “Compagnie dirigenti” Mayo de 1960)

 
 
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