El Rosario en el cuello...

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Sacerdotes y fieles del pueblo católico de Honai en Vietnam, me habían afirmado que no huirían ante los tanques triunfantes del régimen comunista ateo que estaban a cinco kilómetros de sus casas. Mujeres, niños y ancianos de esta comunidad valiente y resuelta se habían reunido en oración en las iglesias iluminadas. Los hombres, formados en batallones de auto defensa, el rosario en el cuello y y armados de viejas carabinas, se dejaron exterminar tratando de impedir el acceso de los carros blindados del Vietnam del norte a su parroquia.

El padre Hoang Quynh, cura párroco de Cholon, refugiado del Norte, también me había dicho: "para nosotros, el comunismo es la muerte. En Tonkin tuvimos una pequeña idea de lo que ellos intentan asignarle a la población del Sur. Vejaciones, torturas, prisión, la fe acosada en las ciudades, en el campo, en los corazones, ése era su programa. Miles de tumbas se extienden por la frontera de China al delta del Mekong, la vía dolorosa del catolicismo. Y habrá miles más alrededor de Raigón, de Hue, de Dalat. Es el precio que debemos pagar. Estamos listos. Cada cruz será un testimonio ante los hombres."

Padre J. Sigurd "Aspectos de Francia" le 15.05.75

 
 

El Rosario es a la vez meditación y súplica. La plegaria insistente a la Madre de Dios se apoya en la confianza de que su materna intercesión lo puede todo ante el corazón del Hijo. Ella es «omnipotente por gracia», como, con audaz expresión que debe entenderse bien, dijo en su Súplica a la Virgen el Beato Bartolomé Longo. Basada en el Evangelio, ésta es una certeza que se ha ido consolidando por experiencia propia en el pueblo cristiano. El eminente poeta Dante la interpreta estupendamente, siguiendo a san Bernardo, cuando canta: «Mujer, eres tan grande y tanto vales, que quien desea una gracia y no recurre a ti, quiere que su deseo vuele sin alas». En el Rosario, mientras suplicamos a María, templo del Espíritu Santo (cf. Lc 1, 35), Ella intercede por nosotros ante el Padre que la ha llenado de gracia y ante el Hijo nacido de su seno, rogando con nosotros y por nosotros
(Rosarium Virginis Mariae, n°16)

 
 
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