No conocía esas palabras...
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Ingrid, una joven que creció como luterana, nos cuenta su historia. “Un día, estaba yo orando cuando de pronto sentí el impulso de decir: ‘Dios te salve María’. Así lo hice, aunque no conocía estas palabras. Después vinieron a mí ‘llena eres de gracia’. Me pareció algo extraño, pero decidí seguir adelante. ‘El Señor esta contigo’ y así, hasta terminar esta pequeña oración, dedicada a María. Las repetí una y otra vez, descubriendo que llenaba de gozo mi corazón. De tal modo que decidí hacer mía esta plegaria, no me cansaba de repetirla. “Poco tiempo después asistí a una reunión con unas amigas católicas. Decidí compartirles ‘mi’ pequeña oración. Pero ellas me dijeron que lo que yo había estado rezando no era otra cosa que el Avemaría, la oración por excelencia dedicada a la Madre de Dios y la cual se conocía desde hacía casi dos mil años. “Quedé sorprendida. Cuando mis amigas me hablaron acerca del Rosario y me enseñaron a rezarlo, decidí hacerlo mío también. Ahora sabía en mi corazón que María misma me había enseñado a rezar el Avemaría”. Actualmente, Ingrid es católica y le encanta contar a la gente cómo fue que la Madre de Dios la llevó de regreso a casa, a la Iglesia de Cristo, infundiendo en su alma la más dulce oración de amor. |