Mi Mente Divaga

Rosario

Una de las más grandes objeciones al Rosario es precisamente que se trata de una oración de meditación. Algunos dirán, “No me gusta pensar”. O bien, “No me puedo concentrar en los misterios, mi mente divaga. Por eso dejé de rezar el Rosario.”

Me parece que el problema es que con demasiada frecuencia tratamos de intelectualizar los misterios. Escudriñamos su interior para extraer lecciones. Pero más bien, deberíamos contemplar los misterios del Rosario en el sentido Ignaciano de contemplación. San Ignacio de Loyola dijo: “Simplemente contemplen las escenas e la vida de Nuestro Señor, sin tratar de sacar todo tipo de lecciones y aplicaciones a su vida diaria.” En otras palabras, quedarnos tan solo ahí, como si estuviésemos viendo la serie de televisión “Usted estuvo Ahí”. Las lecciones y aplicaciones vendrán espontáneamente.

¿No ha ido Ud. al cine y que un amigo le pregunte, qué tanto le gustó la película? Conforme Ud. daba su respuesta, inconscientemente analizó la película. Sin siquiera darse cuenta, Ud. sacó conclusiones sobre la pelícu-la, simplemente con verla.

Así sucede también con el Rosario. Simplemente contemplemos las esce-nas de la vida de Nuestro Señor con Su Madre Santísima durante el tiempo que toma rezar 10 Avemarías. Como en una película, el misterio comenzará a decirnos algo sin que tengamos que hacer nada, excepto mirar. Mientras contemplamos las escenas, Dios trabajará en nuestro corazón.

 
 
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