El Regreso

Cristo es el Maestro por excelencia, el revelador y la revelación.
No se trata sólo de comprender las cosas que Él ha enseñado, sino de
«comprenderlo a Él». Pero en esto, ¿qué maestra más experta que María?
Si en el ámbito divino el Espíritu es el Maestro interior que nos lleva a la plena verdad de Cristo
(cf. Jn 14,26; 15,26; 16,13), entre las criaturas nadie mejor que ella conoce a Cristo,
nadie como su Madre puede introducirnos en un conocimiento profundo de su misterio.
—Rosarium Virginis Mariae, n°11

rosario

Me lo contó la propia protagonista.

Caminaba tranquila hacia su casa cuando se vio frente a frente con una mujer que llorando mostraba un gran tormento interior. La mujer le dijo: “Me han informado que usted es una persona muy espiritual. Me encuentro en situación límite. Si usted no me ayuda, puedo cometer una locura.” La catequista le preguntó: “¿ Qué es lo que le angustia ?” La mujer, enjuagándose las lágrimas, le respondió: “Soy divorciada y tengo tres hijas en la misma situación. No tenemos trabajo y mis nietos pasan mucha necesidad. Cada día crece mi desesperación. Por favor, ayúdeme.” La catequista le dijo clara y decididamente: “No tengo dinero para ayudarle, pero le voy a regalar un rosario para que usted, con sus hijas, lo rece cada día. La Virgen María es ¡MADRE!”

La señora, al principio, se quedó cortada, sin saber cómo reaccionar, pero viendo la seguridad con que le hablaba la catequista, le dio las gracias y se marchó. Pasaron varias semanas y la catequista se encontró con la sorpresa de que llamaban a la puerta de su casa y le entregaban un ramo de lirios, tan lujoso como bello. Ella firmó el recibo y se quedó impresionada. No podía explicarse quién le podría haber mandado ese regalo. Pasó una semana y volvió a recibir otro ramo de lirios tan lujoso y bello como el anterior. Quiso preguntar al joven quién se lo mandaba, pero el dependiente no supo darle razón. A la semana y media volvió a recibir otro ramo de lirios. Ella ya no pudo contener su curiosidad y empezó a hacer pesquisas, pero todo fue inútil.

Pero un día en la calle se encontró de nuevo con la señora que le había pedido auxilio, quien no dejaba de abrazarla y besarla, al tiempo que le decía: “Aunque usted me lo reclame, no le devolveré el Rosario, pues me ha hecho tres milagros-” La catequista no podía dar crédito a lo que ella le contaba, tanta era la emoción que le embargaba por dentro. La señora le confiesa que ella fue la que le mandaba los ramos de lirio,ya que cada vez que regresaba un yerno a su esposa, ella se lo manifestaba con flores. Los tres esposos regresaron cambiados y trasformados, decididos a ser buenos cristianos, a vivir en su hogar y educar a sus hijos. La señora quería darle un regalo a la catequista, pero ella le manifestaba que el regalo tenía que ser sólo para la Virgen, ya que ella simplemente había sido un instrumento. Le tomaron tal cariño las hijas y sus respectivos esposos a la catequista que le rogaron muy encarecidamente que les acompañara en la cena de Navidad, a lo que ella aceptó muy complacida. Estaban a punto de iniciar la cena familiar, cuando de pronto suena el teléfono y al abrir la puerta, se encuentran con el esposo de la señora quien solicitaba le perdonaran, pues estaba decidido a cambiar y a ser buen esposo. Todos lloraban de pura alegría. La Virgen María había hecho realidad lo que nadie podía haber imaginado. Fue la Navidad más hermosa de toda su vida.

(Tomado de Testimonios del Rosario del P. José Luis Alonso, oar)

 
 
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