Ultimos mensajes y Reflexión
Mensaje del 2 de Agosto 2006 (Mirjana)
—"Queridos hijos: en estos tiempos difíciles, Yo vengo a ustedes para mostrarles el camino hacia la paz. Les amo con amor inmenso y deseo que también ustedes se amen los unos a los otros y que en todos vean a mi Hijo, el Amor inmenso. El camino hacia la paz pasa sólo, sólo por medio del amor. Denme la mano a mí, a su Madre, y permítanme que los guíe. Yo soy la “Reina de la Paz”. Les agradezco."
La Virgen como Madre, está tan preocupada por la paz como cada uno de sus hijos. Y confirma, que estamos viviendo tiempos "difíciles". Sin embargo, es preciso recordar, también son tiempos de "gracia", porque Dios le permite a Ella estar con nosotros apareciéndose todos los días por más de 25 años. Son tiempos" difíciles", pero, al mismo momento, tiempos de "gracia". Y de esta manera debemos ver las cosas. Y quizá la humanidad siempre ha vivido en la tensión de ambas realidades. Y cuanto ocurre ha ocurrido en la historia y ocurre a nivel social, también sucede en el corazón del hombre; porque la sociedad es reflejo de lo que el hombre vive en su interior. Es el corazón del hombre el que vive tiempos "difíciles" y tiempos de "gracia". No obstante, no es ese el proyecto de Dios para la humanidad queÉ l creo. Dios quiere que el hombre viva siempre en la plenitud de la vida, aunque en la tierra deba igualmente purificarse para que pueda reinar con Él por la eternidad.
Mientras el hombre está en el mundo, dijo la Virgen en el mensaje del dos de julio, puede elegir" la Vida o la Muerte". Y subrayaba además, que Ella había venido a mostrarnos la elección correcta. Si un corazón vive tiempos "difíciles" puede ser a causa de una prueba especial por la que atraviesa. Pero en la mayoría de los casos, esas situaciones "difíciles" se dan porque el corazón se aleja de Dios y aprende a vivir sin Él. La Virgen ha dicho en el menaje de este dos: —"Yo vengo a ustedes para mostrarles el camino hacia la paz".
Y la paz a la que la Virgen se refiere, ante todo, es la paz interior; para que luego podamos interceder eficazmente por la paz mundial. La paz interior, entonces, pasa a través de María. Si le abrimos el corazón a Ella, seguramente comenzará a reinar la paz que nos trae; porque la paz, no es sólo conquista del hombre, también es un don de Dios, y María es la "Reina de la Paz".
También en el mensaje de inicio de mes, la Virgen dice: —"Les amo con amor inmenso y deseo que también ustedes se amen los unos a los otros y que en todos vean a mi Hijo, el Amor inmenso". La Virgen en este mensaje enfatiza el amor que Ella nos tiene, dice: "es inmenso". Lo que nos recuerda otro mensaje que decía: —"queridos hijos: si superan cuanto los amo lloraría de alegría". Creo que no siempre somos cocientes de ese amor y de las gracias que podemos recibir por medio Suyo. Por eso la Virgen nos lo recuerda en el mensaje de principio de mes. Hay muchos cristianos que no han aprendido a caminar con María y seguramente que un mensaje así les ayudaría abrir sus corazones a la Madre. No obstante los dos mil años de cristianismo que han transcurrido y cuanto apostolado mariano se ha hecho para difundir la devoción a María, son legión en la Iglesia los que viven en la ignorancia del amor de la Madre para con ellos. Si hemos afirmado que la sociedad ha prendido a vivir sin Dios: ¡imaginémonos cuanto ha ocurrido en torno a la devoción a María! Sin embargo, Ella nos trae el amor de Dios en su Corazón Inmaculado y nunca ha reclamado que no ha sido lo suficiente correspondida. Acogerla a María, entonces, es también acoger el amor de Dios, porque María no aparece por cuenta propia, sino porque Dios la envía a nosotros.
La Madre dice en el mensaje, que es su deseo que también nos amemos "los unos a los otros" y que en todos veamos a Su " Hijo, el amor inmenso". Esta parte del mensaje considero, es lo más difícil y quizá, unas de las frases más exigentes que la Madre nos ha dado en estos 25 años: ver en cada hombre a Jesús, el Amor inmenso. Nos encontramos —en esta frase— en el corazón mismo del evangelio. Ver en cada hombre el mismo Jesús no es fácil. Al pie de la letra podríamos decir que sólo los santos lo llegaron a ver, pero si la Virgen nos lo pido ahora es que para todos son hijos, tampoco es un imposible. No obstante, es un gran reto. Creo que una manera práctica de responder a este mensaje podría ser: que cada discípulo de María al momento de la Confesión mensual, incluya antes en el examen de conciencia, si ha visto en cada hombre de su entorno, al mismo Jesús, el Amor inmenso. Es decir: si ha visto a Jesús, el Amor inmenso en su esposa, esposo, hijos, vecinos, compañeros de trabajos, compañeros de estudios… e inclusive, si en sus enemigos ha visto a Jesús, el Amor inmenso. Todos ellos, ha dicho María, son rostros vivos de Jesús. Consideramos, que sin la conversión sincera y la oración continua y la vida de ayuno que María sugiere, será difícil que el corazón se abra a todos los hombres como el Sagrado Corazón de Jesús se abrió en la tierra a toda la humanidad.
Es impresionante, que frente a tantos problemas que hoy sufre la humanidad, haya tan poca respuesta a las apariciones de la Virgen en Medjugorie. Si más corazones se abrieran a la Madre, de seguro, más frutos y conversiones de los demás tendríamos. La Virgen no puede estar equivocada en lo que nos dice. Más bien, hay que obedecerla, y sin racionalismos y egoísmos que anteponen intereses personales a las grades urgencias que la Madre presenta.
Necesitamos un fervoroso ejército de fieles que se consagren cuanto antes a vivir con seriedad lo que la Virgen dice. En este mes repite:—"El camino hacia la paz pasa sólo, sólo por medio del amor. Denme la mano a mí, a su Madre, y permítanme que los guíe. Yo soy la “Reina de la Paz”. Les agradezco." Si no hay amor en el corazón es inútil hablar de paz. La paz no es fruto de negociaciones políticas sino del amor. Y la Virgen viene a llenar nuestro corazón del amor de Dios. Darle la mano a la Virgen significa, básicamente, dos cosas: acogerla a Ella —es decir: abrirle el corazón— y segundo: permitirle que nos guíe. Dios es el gran marginado de estos tiempos. María nos facilita el medio para llegar a Él y con Su amor, llegar entonces a nuestro prójimo: ver en cada hombre a Jesús el Amor inmenso.